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Fragmento de Espectro: Rasputín

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Reminiscencias de Cayde-6

La gente dice que soy un tipo muy seguro de mí mismo. Es cierto. Jamás he dudado ahí fuera.

Mi viejo amigo Andal —solía estar de pie justo aquí— siempre se inventaba historias de lo más extravagantes. Me decía cosas como: "Cayde, he estado examinando las pruebas y he llegado a la conclusión de que eres tú. Tú eres Rasputín, el legendario Estratega, el defensor de la Tierra. Desearía que pudieras recordarlo para que así recobraras tu poder y pudieras salvarnos a todos.

Era algo muy embarazoso, sobre todo cuando lo decía delante de Zavala, quien ya pensaba que estaba malgastando mi vida gorroneando engramas. Ya sabes cómo es Zavala. Pero yo le respondía: "Bueno, Andal, puede que lleves razón, pero si te soy sincero, creo que coordinar nuestras defensas en todo el sistema solar es una tarea agotadora, así que prefiero dejártela a ti".

Pero Andal aún se guardaba una última broma, de la cual yo era el protagonista. Y aquí estoy, leyendo informes, dando órdenes y preocupándome por todo.

Un día le dije a Ikora: "Oye, lo sé todo sobre Rasputín, pero dime, ¿qué estamos buscando en realidad? Cuando Rahool nos pide satélites bélicos estrellados, cuando enviamos a Holborn a Marte en busca de ordenadores, cuando Zavala se pone de morros por culpa de los caídos del Cosmódromo... ¿qué buscamos realmente? Si abandonara mi puesto, me subiera a mi nave y partiera mañana como un héroe y encontrara a Rasputín, ¿qué sucedería?

¿Nos salvaríamos todos?".

—Buena pregunta —respondió ella. Espera, deja que ponga la voz de Ikora. —Como sabes, Cayde, Rasputín dirigía prácticamente la Edad de Oro, sobre todo lo relacionado con los secretos militares. Rasputín poseía rayos letales de antimateria, cien mil satélites y casi tanta inteligencia como yo. Rasputín luchó contra el Colapso. Sabe cosas que nosotros necesitamos.

—Cierto —respondí—, pero Rasputín perdió. El Viajero nos salvó.

—Pero ahora el Viajero está en silencio —dijo Ikora—, y Rasputín vive. Ahora mismo, Rasputín está ahí fuera, buscando, reconstruyendo, creciendo.

Así que voy y digo lo mismo que digo siempre: "Está bien, iré a buscarlo. Iré a decirle a Rasputín que necesitamos su ayuda".

E Ikora va y me lanza una de esas miradas, ya sabes, como cuando hablas con ella y piensas que no te está dedicando ni una fracción de su atención. Eso es, una de esas miradas. Entonces va y me dice: "Cayde, el problema no es solo que no podamos encontrar a Rasputín. El verdadero problema es que ni siquiera sabemos si Rasputín quiere que lo encontremos".

En la Torre, las cosas siempre son así. No hay nada sencillo. No hay respuestas fáciles.

Solo puedo pensar en una cosa: si Rasputín tenía herramientas tan poderosas y aun así perdió, ¿qué aprendió? ¿Qué probará en esta ocasión? Cuando oigo hablar del Palacio de Polvo y de esos desolladores psiónicos capaces de penetrar en la mente de Rasputín, me pregunto: ¿de qué hablarán entre ellos?

"Yo también fui un sirviente. Fui un instrumento de guerra ligado al destino de un maestro menor. Pero aprendí algo más..."