«Levantó la mano y el cohete fue engullido por un muro de sombra».
El caballero, una tremenda fortaleza andante, es el mayor y más ferviente defensor de la colmena. Los siglos de batalla han endurecido las protuberancias óseas de su cuerpo, transformándolas en una armadura tan resistente como el hierro reliquia. Esa defensa se ve reforzada por la magia con la que los caballeros invocan sus escudos de fuerza ardiente.