Cayó por última vez, a las puertas del templo. Cayó y no pude alcanzarlo.
Mi propia Luz titila.
Me llevaron abajo, hacia la oscuridad. Cruzamos hileras e hileras pobladas de criaturas, muchas más de las que creíamos que podían existir. Pasamos criaderos macabros rebosantes de pupas y gusanos repulsivos que se tragan enteros. Vi sus preparaciones para la guerra.
Me siento débil... tan débil.
Me han grapado a una espira para que la inmundicia negra consuma mi Luz. La maga se acerca y empieza a mover sus garras escamosas por mis sistemas, interesada en la Ciudad, en mi fabricación y en lo que he visto. Borro y vacío información tan rápido como puedo. No aprenderán mucho de mí... pero yo los estudio, en constante... dolor.
Siempre dolor.
He visto abismos bajo la superficie que desaparecen en una nada verde. He visto sembradores preparados para la invasión.
Su fuerza no es innata. Viene de otra fuente: algo que corrompe, que distorsiona, que sigue engullendo y nunca está satisfecho.
La maga se aproxima. Su presencia es como un desgarre o un nudo en el mundo. Me dice cosas que olvido de inmediato. Soy demasiado minúsculo para contener la inmensidad y el terror que suponen.
Me apago. No aguanto más.
Con lo que me queda de Luz, comunico a la Ciudad: La Luna nos trae guerra de nuevo. Esta vez quieren la Tierra. Preparaos.