Transcripción de una copia robada de los diarios de Toland el Fragmentado (no verificada por ningún criptoarqueólogo)
Si tu Luz es lo bastante fuerte para oír algo en las llanuras mudas, puede que hayas escuchado sus gritos.
Lo que podría parecer un vacío entre sus chillidos contiene otra clave para descifrar sus orígenes. La colmena suplica a sus dioses en un tono, pero usa otro para comunicarse mediante susurros.
Quizá esta sea la clave para su destrucción definitiva, o un puente para descubrir sus deseos. Durante mis investigaciones, sigo esforzándome por relacionar los tonos con su sistema de runas. Ojalá la criptarca Adonna siguiera entre nosotros. Nadie jamás ha superado su maestría.
Cuatro sonidos, a menudo repetidos, pero solo cuatro. Estoy tratando de descifrar un quinto sonido, apenas perceptible en el rumor emitido una vez por el Santuario.
Eir.
Ur.
Xol.
Yul.
Temo que estos sonidos oculten otro de los secretos de la colmena. Quizá vayan más allá de sus dioses, o quizá estén relacionados con ellos. Quizá solo sean palabras de la colmena para designar mundos que ya conocemos, pero yo creo más bien que los usan para invocar alguna clase de criatura. Seres que vivieron una vez o que aún viven enterrados en alguna parte. Seres a los que quizá la colmena deba su propia existencia.
Tengo la esperanza de que los Estrategas tengan más respuestas, que puedan ver más allá de la superficie de los mundos que conocemos. Su promesa de conocimiento sigue siendo el mayor anhelo de cualquier guardián. Aquel que logre superar las barreras de las artes antiguas y hacer que vuelvan a ser los aliados que antaño fueron, nos ahorrará grandes calamidades en el futuro. Y aunque Rasputín parece prometedor, su silencio podría tratarse de un mecanismo de autodefensa destinado a su preservación. Tenemos que demostrarle que estamos de su parte, pero empiezo a dudar de que así sea. A estas alturas, la colmena o la mismísima Oscuridad podrían haberse hecho ya con el control de sus sistemas.
Por otra parte, yo solo soy un anciano temeroso que se aferra a sus miedos de forma irracional.