«Había oleadas de ellos chocando contra nuestras murallas, siseando y aullando. Pero fue uno que permanecía de pie detrás de todos, olisqueando el aire en silencio, el que nos heló la sangre en las venas».
Los capitanes alcanzan su cargo a base de desgarrar y rajar, dejando un rastro de cuerpos desmembrados en su camino hacia el ascenso. Son los miembros más potentes y feroces de la tripulación a la que gobiernan. Su ración de éter es la más amplia, sus hojas las más afiladas y sus armas las mejores. Sobre sus hombros llevan la bandera de su Casa, si es que han jurado lealtad a alguna. La mínima insubordinación de su tripulación acaba con un revés de su espada. El desafío se paga con la amputación inmediata si se encuentra de buen humor, y con la muerte si no.