Los avances en descarga de energía proyectiva, logrados a través de descubrimientos de investigaciones de la Edad de Oro, condujeron a la creación de armas energéticas aptas para el combate. La primera aplicación de esta tecnología surge en forma de fusil de fusión. Los usuarios deben apretar el gatillo durante unos breves instantes para cargar el arma antes de disparar.