El gran señor de los mundos, Júpiter, y sus lunas debieron ser un piedra angular de la civilización de la Edad de Oro. Pero la naturaleza y el tamaño de la presencia humana allí se desconoce. Los registros antiguos aluden a ciudades de hielo y océanos de dimensiones planetarias, pero quizá sean figuras retóricas.
Las naves de la Ciudad muy pocas veces han intentado desplazarse a Júpiter o viajar más allá.