Me llamo Eriana-3, discípulo de los hechiceros práxicos, galardonada con el Sello del Cormorán. Sobreviví al gran desastre: el día en que partimos formando un contingente de miles de guardianes para reclamar nuestra luna y nos vimos superados por un campeón de la colmena de indescriptible poder.
El nombre del monstruo es Crota. Asesinó a mis amigos cara a cara, uno a uno, mientras disfrutaba de ello. En nombre de todos aquellos que perecieron, juro que no descansaré hasta destruirlo.
Esta es mi confesión. Pido perdón si a vuestro entender me excedo.
En nuestro mundo, Crota parecía invencible. Eris Morn y yo nos enfrentamos al problema juntas, pero no hallamos ninguna solución. Por ello, recurrimos al conocimiento prohibido, al maestro desterrado de los poderes ocultos de la colmena.
Me refiero a Toland.
Toland nos contó que la presencia de Crota en nuestro mundo era una sombra. Que su verdadero poder reside en un inframundo forjado por su voluntad. Debemos pasar a través del ojo de cerradura que separa las realidades, surcar la abrasadora medianoche del mundo mental de Crota y derrocar a los campeones ascendentes reunidos junto a su trono.
Toland habla —en ocasiones ni siquiera parece estar loco— de las horribles cosas que nos aguardan. Anhela aprender una canción secreta que habla de un lívido y ardiente cascarón de estrella que se cierne en las alturas, la mismísima antítesis de la vida. Habla de ella con una extraña ambición que prefiero no llegar a entender.
Mañana les preguntaré a Agah, Mota y Tarlowe si quieren acompañarnos. Si fracasamos, dejo este documento para los futuros guardianes. Nunca nos olvidéis.