«Deja que sientan cada latigazo, cada maldición, cada toque de maldad con que me atacaron a mí previamente».
(Eris Morn)
¡Aquí estoy, con el poder de fabricar, a partir de los secretos más oscuros de mis enemigos, un arma capaz de herirlos hasta su mismo corazón!
Así que, ¿qué tengo en mi mano?
Cuando contemplo la interioridad de esos fríos, fríos fragmentos, veo criaturas ciegas que se retuercen. Cada herida que infligen, también la sufren en sus carnes. Cada bocado que toman de la Luz tan solo ahonda, nunca sacia, el furioso vacío tras sus terribles fauces.
Las voces son tan altas como siempre. Mis pesadillas son igual de amargas. Mi odio, negro como el carbón, es igual de ardiente. Pero ahora siento algo más. Podría ser...
¡No! Me niego.
Construiré esta arma.