Home
Grimoire Tracker

Las secuelas

Legendary card
10 points

«No temas, hermano. Esta fue la única elección que tuve».

El sonido de su voz lo despertó de su sueño. Se levantó de un salto, su nave seguía dentro de su esfera protectora. Intentó retirar el escudo, pero estaba bloqueado en su tiempo de iniciación. No recordaba haberlo activado. Entonces recordó la batalla. Aquella explosión.

Lo que la nave había disparado era antiguo, no se parecía a nada que las bibliotecas del origen hubieran intentado siquiera describir.

Trató de calmarse. Pensó en ella, buscando su presencia. No pudo encontrarla, pero no estaba tranquilo. Siempre le había dicho que estaría ahí, tras la calma.

Todo lo que podía oír eran los ecos de aquel sonido.

Comenzó tan pronto como llegaron al plano de anillos, resonando en el antiguo brillo de su yo enterrado hace tiempo. Antes ella le mostró quién era él, en el antes y el después.

Las techeun deberían haber sabido lo que podía hacer el Acorazado. Deberían. ¿No sintieron lo que él sintió? ¿Lo que él escuchó? Y aquel maldito queche no tenía protección. Tenían que saber eso. Todo para desplegar a los heraldos. Apenas habían llegado cuando el arma abrió fuego. Pensó en Petra y en lo abrumada que debía estar, obligada a mantenerse en su puesto y ver perecer a los suyos.

Trató de calmarse de nuevo, obligándose a respirar profundamente. Se dio cuenta de dónde estaba: Marte. Athabasca. Las islas Candor. Hacía mucho tiempo que no había estado allí, no desde que encontró el Jardín Negro.

La cuenta atrás de la desactivación del escudo palpitó. Volvió a intentarlo, localizarla, descubrir si realmente se había entregado para esta batalla. Se sintió cerca de algo, de un zumbido de luz estelar, luego la desactivación del escudo le rompió la concentración.

Salió, vio el daño sufrido por la nave y comprendió hasta qué punto la armada habría sido devastada.

En su desesperanza vio a cientos de sus drones cuervo, desplegados en Marte hace mucho tiempo, dando círculos alrededor de su nave, esperando.

"Bienvenido, amo". El que tenía más cerca habló primero y los demás lo siguieron, un estrépito de saludos resonó por el mar seco.

Y con eso, la esperanza volvió.

"Comenzad las reparaciones de mi nave de inmediato. Se ha perdido algo y me ayudaréis a encontrarlo".