¿Dónde está mi hijo?
¿Dónde está Crota, tu señor, tu dios principesco, tu príncipe divino?
¡No me mientas!
Siento su ausencia como si fuera un agujero en mi
estómago.
Donde antaño su tierno tributo abría el apetito de bocas enterradas,
ahora solo queda hambre.
Escuchadme, estrellas languidecientes, andrajos de cielo...
Voy a taponar este abismo desgarrado
con venganza.
Querida Eris, Castigo de Crota (¡ahora veremos qué tal ostentas ese título!):
No todo va mal.
Sí, el padre de todos tus problemas se dirige hacia ti con odio en su espada y hambre en su corazón. Pero no lo veas así. ¿Acaso cuando perdiste tu vista no ganaste otra?
Agudiza tus intenciones. Cuando la vida es fuerza y la fuerza es muerte, ¿qué es la muerte, sino esperanza?
Solo tienes que alargar la mano y tomarla.