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Fragmento de Espectro: Los cabal 3

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Hoy, Primus Ta’aun dirige desde el frente.

Va de búnker en búnker, transmitiendo ánimos con su rugido. "¡Eres mi piedra angular!", le dice a una centurión herida, tomándola por sus hombros acorazados. "¡Soporta el peso!".

Vuelve al combate. "¡Vamos!", Tlu’urn le espeta, corriendo junto a Ta’aun y diciendo todas las cosas crueles que su comandante debe callar. "¡No hacen falta dos brazos para luchar!".

Pide fuego de apoyo. La artillería chilla sobre su cabeza. En las llanuras bajo el perímetro cabal, los vex salen de entre los rayos. Los martillos antorcha explotan como morteros, y Ta’aun y su hermano unido se ponen a cubierto tras un Interceptor en llamas.

"Esto va bien", retumba Tlu’urn.

Un rayo de partículas vex agujerea el casco de la centurión. Se desploma muerta. Los goblins se arremolinan sobre su búnker y entonces el tanque Goliat que defiende este bastión dispara un obús de su cañón principal contra el revoltijo, volando por los aires a los vex, al búnker y a todos los legionarios del interior. La onda expansiva lanza a Tlu’urn contra su Primus.

"Tan bien como se esperaba", gruñe Ta’aun. Tlu’urn se ríe.

La lucha es eterna. Igual que el deber. Ta’aun sigue peleando aquí fuera, más allá de las fronteras del Imperio, porque el fracaso es impensable. La derrota es mucho peor que la muerte.

Pero Ta’aun está muy, muy cansado.

Tlu’urn se levanta y empieza a disparar a los vex. "No vas a atreverte". Aunque está completamente acorazado, y a tan solo un metro de distancia, su voz en el comunicador crepita con interferencias. "No vayas. Es una locura".

Los hobgoblins vex empiezan a disparar a Tlu’urn.

Los rayos de partículas chillan y rebotan en su enorme corpachón acorazado. Ta’aun tira de él para ponerlo otra vez a cubierto. Una división de falanges se apresura a tapar el hueco. "Tengo órdenes. Nuestro informe llegó a las más altas esferas, y la decisión vino desde allí".

El casco de Valus Tlu’urn gira para mirarle. "¿Te refieres a...?"

"Provino del emperador en persona". Ta’aun puede sentir el gel de presurización bombeando contra su piel para aislarlo de este mundo letal y mantenerlo con vida. "Me han ordenado abordar y capturar la nave insignia colmena. A cualquier precio".

Un minotauro vex aparece tras la línea de la falange. La armadura de Primus Ta’aun marca el blanco y vacía el cargador, volcando todo su miedo, ira y pesar en la desventurada máquina. Ruge una y otra vez. El minotauro arde.

Sus soldados le vitorean.

"Este es un trabajo para una unidad de élite. No para unas pocas legiones de exploradores varadas en una guerra de desgaste. Deberíamos esperar hasta que...".

"Es la misión que me han encomendado. Usaré lo que tengo".

“Amotínate", susurra Tlu’urn. "Deberías amotinarte".

Oh, amotinarse. Igual que Valus Trau’ug, que llevó a toda su Legión rota contra el Arrecife. Y que falló tan miserablemente.

El deber es la victoria. Amotinarse es peor que la muerte. Incluso ante una muerte segura.

"No", dice Ta’aun. Y eso es todo.

Los vex retroceden. Juntos, han defendido el frente.