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XXIII: Fuego sin combustible

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Versículo 3:3 - Fuego sin combustible

Hoy maté a mi hermana.

Vino a esta estrella a supervisar el exterminio de todas sus formas de vida. Los qugus son una poderosa potencia, y sus flotas protegen cuatro estrellas cercanas. Son leales y tercos como un rebaño de animales. Pero tienen cierto estilo.

Los qugus llevan millones de años de evolución infectados por un insidioso virus que se ha instalado en su genoma. El virus los impulsa a ofrecer sus miembros a unas enormes bestias sésiles para que se los amputen con sus fauces. Estas bestias son veneradas y tratadas como dioses. El virus convierte las células de los qugus en huevos, de los que surgen extrañas cosas reptantes que se convierten en pupas y viven en el estómago de las bestias-fauces. A cambio, las bestias-fauces expulsan dulce néctar que los qugus beben para tener nítidas visiones.

Savathûn y su progenie han liberado a los qugus de las bestias-fauces y de la existencia. Pero, mientras perseguían las naves-arca de los qugus, me detuve para vaporizar la nave de guerra de mi hermana y a varios de sus subordinados. Quiero meditar un poco en las ruinas y castigar a Savathûn por no proteger su flanco.

Los qugus son como nosotros. Atados por la simbiosis.

Siento felicidad y pena. Las siento como algo titánico, porque soy más grande que mi cuerpo; mi mente es ahora un cosmos en sí misma. Siento más felicidad y más angustia de la que toda la raza qugu podría experimentar jamás.

Pena porque hemos matado tanto (18 especies solo en este siglo) y felicidad por el mismo motivo. Felicidad por haber acabado con estas plagas. Las hemos expulsado y ahora el universo está más limpio, listo para avanzar hacia su estado definitivo. Somos un viento de progreso. Arrancamos los parásitos del mundo material porque, si no fueran parásitos, seríamos incapaces de matarlos y seguirían existiendo.

¿Y cuál es este estado definitivo? Es un fuego sin combustible, que arde para siempre, matando a los muertos, preguntando algo que es su propia respuesta, autocontenido. En eso debemos convertirnos.

Mi gusano engorda y tiene hambre. Lo alimento con mundos enteros. Mis astrónomos me dicen que pueden sentir las mismísimas Profundidades, y que estamos conquistando el camino hacia ellas.

Creo que, muy pronto, la felicidad y la pena serán lo mismo. Como el amor y la muerte.