Versículo 3:6 - Estrella a estrella a estrella
Bajo un cielo de fuego verde, en el mundo trono del rey Auryx, nuestros señores se abrazan.
Nosotros, la colmena, observamos cómo Savathûn rodea con su brazo a Xivu Arath, cómo Xivu Arath y Auryx toman sus antebrazos, y cómo Auryx coge a Savathûn del hombro. Son enormes, gigantescos, y arden con un poder feroz. Pero este abrazo es una debilidad y lo despreciamos.
Nunca antes hemos despreciado a nuestros señores. ¿Nos han fallado? La colmena ha sido expulsada, mundo a mundo.
"Mi final ha llegado", dice Savathûn. "Urdo planes, pero no consigo derramar sangre suficiente para alimentar a mi gusano. Y cuanto más lo intento, más hambriento está".
"Asesino y masacro", dice Xivu Arath, "pero, cuanto más lucho, más exige mi gusano. Mi final también ha llegado".
"Los ángeles de la guerra del Ecúmene me han matado tantas veces", dice Auryx, "que ya no me atrevo a salir al universo por si necesito mi poder para protegerme. Mi gusano tiene tanta hambre que devora mi alma".
¿Este es el final de nuestra cruzada? ¿Acaso la colmena no merece existir?
Xivu Arath baja su enorme cabeza. "Deberíamos retirarnos y reunir fuerzas".
Savathûn cierra los ojos derrotada y desconcertada. "Deberíamos rogar al gusano, nuestro dios, que nos diga qué hacer".
Pero el rey Auryx, que conoce mejor que nadie la belleza del estado definitivo, les grita: "¿Es que no habéis aprendido nada? ¿Por qué negáis nuestro propósito? Hagamos lo que hagamos, será matando, mediante un acto bélico de poder. Ese es el árbitro final al que servimos, un árbitro violento, y si nos apartamos de ello, merecemos ser devorados. ¡No! Debemos obedecer a nuestra naturaleza. Debemos mirar al futuro, ser astutos y fuertes. ¡Debemos tomar este regalo que nos ha dado el gusano, nuestro dios, este desafío, y encontrar una forma de seguir existiendo!".
"¿Cómo alimentaremos a nuestros gusanos?", pregunta Xivu Arath.
"Yo lo sé", dice la astuta Savathûn. "Sé una manera. Pero no funcionará a no ser que matemos a miles de millones del Ecúmene. ¿Cómo podemos derrotarlos?".
"Si no podemos derrotar sus fuerzas", dice Xivu Arath, "debemos infectar sus debilidades. Pero son señores de la materia y de las leyes físicas".
"Sé una manera", dice el rey Auryx. "Pero exigirá gran poder. Más del que nosotros tenemos".
"Entonces, mátame", dice Xivu Arath, "y usa esa lógica de muerte, la astucia que demuestras al matar algo tan poderoso como yo".
Así que el rey Auryx tomó su espada y decapitó a Xivu Arath.
"Y estrangúlame", dice Savathûn, que sujetaba una hoja a sus espaldas. "Usa esa lógica de muerte, la astucia que demuestras al matar algo tan inteligente como yo".
Pero el rey Auryx se giró con la velocidad y la energía de Xivu Arath, y decapitó a Savathûn antes de que pudiera moverse. El rey Auryx fue el Primer Navegante con el mapa de la muerte.
Estas muertes fueron reales, ya que se produjeron en el mundo de la espada.
Entonces, se dirigió al gusano llamado Akka.