Un rey ha muerto, pero su poder permanece.
Un rey ha muerto y, con él, el error fatal.
Esta guerra en la que la Luz todavía nos hiere no ha sido una conquista.
Ha sido egoísta: la ira de un padre en el lugar de la mano justa de un rey.
Llegará el momento de conquistar la Luz, esa fuente de falsa inspiración, y dejar que la Oscuridad lo consuma todo.
Pero ese momento no es ahora.
El fracaso de un hijo provocado por la caída del padre.
Un rey ha muerto. Su poder permanece sin reclamar.
Un rey ha muerto. Su orgullo en un linaje que se iba a extender a través del tiempo y las estrellas representando su perdición.
Pero Noru’usk no tiene linaje en el que pensar.
Noru’usk no tiene defectos.
Es un soldado. Un general. Un señor de la guerra.
En su día fue un sirviente pero ahora mira hacia el trono vacío, listo para ser reclamado desde el otro lado de esta jaula temporal.
Un rey ha muerto. En buena hora.
Un rey se alzará.
Si no es Noru’usk, será otro.
O alguien más...