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Epistémico

Praedyth ha estado observando desde su celda durante más tiempo del que sabe cuantificar, sentado en su interior, mirando hacia fuera. Ha visto muchas líneas temporales distintas. No hay manera de saber cuáles son reales. Desde un punto de vista en particular, todas podrían serlo. Reconoce algunas cosas. Ve al Viajero con frecuencia, aunque no puede sentir su Luz a través de los barrotes de su prisión. A veces, flota sobre una ciudad que le resulta tan familiar que le duele el corazón. Otras, flota en un cielo extraño donde unas formas desconocidas dan vueltas a su alrededor en el aire: Espectros irreconocibles. Hay visiones que solo tiene una vez, mientras otras se repiten constantemente. Una imagen recurrente: un trozo del Viajero se desprende de su cuerpo, tumbado boca arriba en un bosque, con una pequeña figura de pie frente a él. La figura cambia todo el tiempo, pero no el pálido brillo del Viajero. Una vez, vio una visión de sí mismo. Hombros rectos, cálido bajo el sol marciano, de pie entre Kabr y Pahanin. Le suena el casco que lleva Kabr; es el que Praedyth ayudó a fabricar. Siempre fue más hábil laminando aluminio que Kabr. Kabr llevó ese casco cuando apenas cumplía cinco años como parte de la escuadra y lo llevó durante seis meses seguidos, hasta que se partió en dos en el Crisol. Una visión que hace llorar a Praedyth. Con lo impasible que es, nunca se creyó capaz. La Cámara le muestra Mercurio una y otra vez, reconocible solo por la escala del sol en el cielo. A veces, se ven escombros flotando en el espacio; un anillo planetario aún formándose. Otras veces, solo hay escombros y, cuando se da la vuelta, no ve ninguno de los otros planetas del sistema. Desaparecidos, engullidos por los desechos. A Praedyth no le importarían tanto esas visiones si pudiera sentir el calor del enorme sol. Sus manos están siempre frías dentro de la Cámara. Es testigo de hordas de alienígenas cruzando el umbral del sistema solar y emergiendo a la luz desde el exterior de la heliopausa. Algunos de ellos viajan con los aires de un ejército conquistador bien dispuesto, con la pintura fresca y ondeando estandartes. Otros parecen huir de algo que los acecha en la oscuridad galáctica. Observa el ir y venir de los vex. Aprende a diferenciarlos: los plateados y brillantes, los de latón con cuernos hacia atrás, los de los ojos brillantes y blancos. De vez en cuando, entre los demás, se observan vex cubiertos de cardenillo y cuyos brazos dejan una estela de musgo. El resto de vex se alejan de ellos. Dos veces ha visto ya a otros vex pelear contra los del musgo. Parece que el resto les tiene miedo... o lo que sea puedan tener los vex. Algunas líneas temporales están cubiertas por un velo, una oscuridad tan densa que resulta opaca. Aguantan y se resisten a los ojos de Praedyth. Cada una de las líneas temporales que ve podrían ser ciertas para algunos seres en concreto. No sabe cuáles son una realidad para él. Ni siquiera sabe si esa es una pregunta relevante. Se lo pregunta igualmente y sigue observando. No hay por qué no. Tiene todo el tiempo del mundo.