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Los peregrinos, los pajaritos y el Viajero

Mamá me roza la nariz con la suya y dice que hoy veremos al Viajero. Cuando lleguemos a la cumbre de la cordillera y termine el bosque, lo veremos flotando bien alto, sobre la Ciudad, y estaremos a salvo. El Viajero protege a los habitantes de la Ciudad; todo el mundo dice que ese es su propósito. Espero que estemos cerca, porque les están saliendo agujeros a mis zapatos. A medida que escalamos la montaña, el suelo se vuelve más pedregoso. Y hace frío, aunque nadie lo siente. Mi nuevo amigo Béla tiene un fuego que lleva en la mano. Viajamos con otras personas a las que mamá llama "peregrinos" que nos echan una mano. Nos ayudaron cuando papá enfermó y cuando la lluvia calcinó nuestra granja. También cuando mamá dijo que necesitábamos marcharnos lejos para estar a salvo. Y, cuando los peregrinos se hacen alguna herida, unos pajaritos de metal los curan. Béla dice que son Espectros, pero mamá dice que los espectros no existen. Yo hablo mucho con los pajaritos. Se llaman Fiz, Pops, Groendlewic y Wort, y me cuentan cosas sobre el Viajero. Creo que es su mamá. Cuando llegamos a la cima de la montaña, corro a través de los árboles para verlo antes que nadie. Los pajaritos vuelan a mi alrededor mientras me asomo al valle. Veo un gran muro y una enorme ciudad, y luego al Viajero. No hay nada en el cielo a su alrededor. Está solo. Wort dice que está distinto a como lo recordaba; ese bonito triángulo que se ve es nuevo. También tiene arañazos grandes de antes, como la cicatriz de mi rodilla, que tiene forma de pez. A todo el mundo le hace mucha ilusión ver al Viajero, pero yo me pongo triste. Está herido, pero no tiene a nadie ahí arriba; no están ni sus pajaritos, ni su mamá. Admiro mucho a los pajaritos, a los peregrinos y a mi mamá. Cuando la cojo de la mano, ella me limpia las lágrimas y vuelve a rozarme la nariz con la suya. Cuando llegamos a la Ciudad, los peregrinos comentan que quieren buscar a más de los suyos para ayudar a otra gente como mi mamá y yo. El Viajero está cerca, en el cielo, inalcanzable. Las cicatrices parecen profundas. Béla me pregunta si quiero subirme a sus hombros, y le digo que sí. Ni con esas puedo alcanzarlo, pero, cuando inclino la cabeza hacia atrás, sé que el Viajero puede sentir el roce de mi nariz.