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Capítulo 8 - Idolatría

Vance había esperado ese momento desde que se le revelara su propósito. A menudo fantaseaba con cómo sería conocer al legendario Osiris. Se había imaginado el diálogo tantas veces… "Hermano Vance, estoy en deuda con el servicio que has prestado. Has resuelto uno de los grandes misterios de esta era. Tu dedicación, sabiduría y pasión me inspiran y renuevan". "No, gran Osiris. Tú me has inspirado a convertirme en el hombre que ves ante ti. Juntos, podemos cambiar el mundo". Llegado el momento, nada hubo de eso. "Te has hecho a una idea que te inventaste. Siempre he tolerado este 'movimiento' adulador tuyo, pero esto ya es pasarse de la raya". Osiris estaba furioso. Y el hermano Vance, asombrado. Miró a Osiris sin comprender, sin saber qué podía decir para calmar su ira y hacer desaparecer su frustración. "Lo que he descubierto…". "… es lo bastante peligroso para destruir a todos los hombres, mujeres y niños que existen. Estás jugando con fuerzas que escapan a tu comprensión", le reprendió Osiris. "Te lo advierto aquí y ahora: vete de este Faro. No te compliques la vida. Forma una familia. Compón música. Deja atrás Mercurio y esta insensatez". Vance lo sopesó. "Pensé que estarías orgulloso…". El gruñido hosco de Osiris le dijo lo contrario. "Si mis palabras te importan en algo, las honrarás. Otro vendrá que te sustituirá en tu cometido". Vance sintió el pecho como si le hubiera pasado una avalancha, un terror desbocado le llenó los pulmones. Se apartó del hombre que había admirado durante tanto tiempo sin saber qué decir, desmoralizado. Se quedó de pie frente a la vista mercurial que tenía delante, abrumado y escuchando. Las exuberantes arenas caléndula que se barrían unas a otras a cada brisa, el inquieto fluido radiolario que caía en cascada por los emplazamientos vex, el lejano latir de una baliza de patrulla que nadie había recuperado. Tenía la espalda apoyada en la estructura que una vez lo inspirara con su canto. Y esta se burló de él con un silencio ensordecedor. ¿Cómo había calculado tan mal todo esto? Osiris sintió lástima de Vance, pero tenía asuntos más importantes que atender y se fue sin despedirse. "Ha sido duro", se burló Saguira. "Pero él tenía razón. Todo lo que ha descubierto… las implicaciones…" "Lo sé", admitió Osiris, con remordimiento. "Lo que hace que esta situación sea más precaria aún". "¡Osiris! ¡Espera!". El hermano Vance salió disparado del Faro a una velocidad vertiginosa. "Ya estamos". "Silencio, Saguira". "La reina Mara Sov… quería que te dijera…". Vance luchó por recuperar el aliento. "Quería que te dijera 'planta la semilla'". Osiris estudió a Vance con curiosidad. "No sé a qué se refiere, pero dijo que lo harías", le ofreció Vance a modo de disculpa. "Yo sí, creo", respondió Osiris, poniendo la mano sobre el hombro todavía agitado de Vance. "Gracias. Esto es de gran utilidad. Bien hecho". Y, con eso, Osiris se fue. Vance escuchó mientras el Velas de Osiris despegaba, el olor acre del combustible quemado del motor de la turbina le obstruía las fosas nasales, y repitió para sí "Bien hecho" con una leve sonrisa asomándole.