The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

Capítulo 3 - El culto a la personalidad

Vance había estado sentado durante casi una hora, esperando. En algún lugar bajo lo que llamaban el Faro, habían erigido una pequeña capilla en la que se encontraba un libro abierto sobre un atril, presidiendo una cantidad de bancos bastante decente. Oía a los asistentes moviéndose en los asientos de vez en cuando, pero sobre todo oía el viento y la quietud. Vance había llegado a primera hora de la mañana, aunque la mañana seguía siendo solo un concepto en ese maldito erial de planeta. La impaciencia comenzaba a sudar por su rostro, desatada por la duda, la hora y la intromisión de sus propios pensamientos. Temía que los demás se dieran cuenta y sacó un pequeño cuadrado de tela para secarse la transpiración. Parecía que nadie sabía que iba a venir. Aún no había visto a Osiris y nadie le había hablado del profeta, más allá de frases crípticas o los textos de referencia que ya conocía. Vance se volvió hacia la precaria puerta que evitaba que el polvo y la arena entraran en la Capilla de la Espira. Ya no sentía la luz del sol cruzándola, como la primera vez que se había sentado. Vance se agarró al banco, dispuesto a irse. Susurros quedos comenzaron a escucharse desde un pasillo en la parte delantera, como gotas de condensación que cayeran sobre suelos de piedra resonante. El pasillo era pequeño y descendía sinuoso a más profundidad aún de la que ya estaban. Vance no podía ver adónde llevaba, pero oyó salir de él pasos acompasados y campanillas metálicas. Una figura con túnica, cubierta de símbolos y olor a helecho emergió del pasadizo, flanqueada por dos guardianes con adornos dorados. Uno llevaba el aroma del calor. El otro, el del ozono y un olor penetrante. "Todos habéis venido a escuchar nuestros descubrimientos: la directiva siguiente nos llegó a través de la adivinación por mano del propio Osiris. He visto sus palabras y creo que es importante que recordemos por qué seguimos su camino antes de mirar hacia el futuro". Vance retiró las manos del banco y las deslizó hasta el regazo. Sus ojos temblaban en la oscuridad, tras una venda de tela nueva, esperando claridad. Los dos guardianes trazaron un círculo alrededor de la capilla, encendiendo velas y antorchas de las que brotaron volutas de incienso. El aire se espesó. "Osiris nos dice que la Oscuridad regresará; que la Oscuridad se levantará y elegirá a sus campeones. Nos dice que debemos mirar más allá de nosotros mismos, más allá de la Ciudad, si queremos combatir un mal así. El Viajero no nos salvará. Estamos destinados a salvar al Viajero y a todos los suyos". Vance no pudo contenerse y estalló. "¿El mismo que nos habría echado? ¿El que exilió al profeta?". La hermana Faora dejó que los murmullos se alzaran, bulleran y se atenuaran antes de hablar. "Los Sin Luz están llenos de miedo. El miedo es una semilla de la Oscuridad, que se afana por someterlos a sus fines. Osiris buscó la verdad entre la Luz y la Oscuridad mediante la muerte y el estudio. Por miedo a sus revelaciones, lo expulsaron". Los laicos asintieron con la cabeza y Faora prosiguió. "El Orador quiere seguir en la ignorancia, pero la ignorancia es la sombra que da la bienvenida en la noche. Es la caída bajo el horizonte donde una estrella se hunde en la rendición. Sin Luz. No nos permitiremos tal destino. No aquí". La hermana Faora respiró hondo. "Debemos vigilar si queremos proteger todo lo que la Luz ha tocado". La figura proselitista se alejó del atril. "Hace solo unas horas que llegaste. ¿No es así, hermano? Creo que presencié tu llegada". No creía que su presencia fuera digna de mención. "Sí, mi…". "Hermana Faora, Superiora". "Por supuesto, hermana". Debería haberlo adivinado por su tono autoritario. "He venido a aprender". "Entonces, la primera lección es esta: escucha. La Ciudad fracasó porque eligió hacer oídos sordos. Por eso debemos realizar nuestro trabajo aquí. Por eso, sin nosotros, sus muros no servirán para nada". Vance se sumió en el silencio. La hermana Faora dejó que su sumisión persistiera y luego continuó. "Cada portaluz alzado, cada guardián es Luz hecha carne por el Viajero. Son Luz, y la Luz se empuña. Si nos negamos a empuñarla cuando es necesario, cedemos terreno a la Oscuridad". La hermana Faora miró a la congregación. "Seguro que muchos habéis sentido curiosidad por saber qué Luz podríamos empuñar en un lugar tan desolado como este". La hermana Faora se permitió sonreír y ahogar una risita antes de inclinar la cabeza hacia los dos Guardianes, que se habían sentado en la parte de atrás de la capilla. "Es aquí donde nos enfrentaremos al segundo eclipse de la Luz del Viajero. Es aquí donde el Colapso comenzará de nuevo, si vacilamos. No sé cuándo, solo lo que es y lo que será". Le devolvieron la mirada ojos llenos de convicción, rostros brillantes de creencia, corazones henchidos de seguridad. Sus mentes carecían de matices. El pecho de Vance se hinchó mientras respiraba la fe incondicional de todos entremezclada con el dolor dulzón de las cortezas y las especias que crepitaban sobre la luz de las antorchas. "Las espiras de Mercurio se llenarán de la gloria del Viajero. Su Luz brillará contra la larga sombra cuando la Oscuridad llegue a apagar el Sol. Mercurio cantará cuando el día encuentre la noche, y lo dirigiremos. Estas son las palabras de Osiris, de su propia mano. Seguimos al profeta hasta aquí para ayudarlo en los preparativos del segundo advenimiento, sean cuales sean". Se empapó de la energía de la capilla. "Aprenderemos cómo esta Luz derrotará a la Oscuridad. Es lo que nos ha pedido. Estos faros son nuestra liberación. Y ahora, hermanos y hermanas, hay mucho trabajo por hacer". El rebaño se puso en pie como respuesta a su pastora, Vance entre ellos.