Entradas 115, 116, 117
Entrada 115
El aeropuerto ya no es seguro. La torre de control está en llamas y los aullidos monstruosos en el viento impedirán que sigamos indagando.
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Entrada 116
Nos movemos en paralelo a los caminos y nos agachamos tratando de ocultarnos cuando oímos a algún viajero. Tengo las piernas doloridas y la boca seca de responder a su bombardeo de preguntas. Hay muchas cosas que no comprende de este mundo, y muchas otras que me gustaría poder explicarle, pero no puedo. Al menos de momento. La muerte de Yuki nos lastra a ambas, aunque ella conserva cierta ingenuidad. Hago lo posible por no destruírsela.
Nos topamos con los restos de un coche de gasolina calcinado y me preguntó si podía seguir con vida. Tuve que explicarle que nunca había estado vivo, que esas máquinas no tenían alma. Me arrepentí al momento de haber pronunciado esas palabras, pues solo provocó que la lluvia de preguntas dolorosas continuara. Le dije que me dolía la cabeza y que necesitaba un poco de silencio.
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Entrada 117
Cuando amanece, recelamos de los humanos. Cuando anochece, nos preocupan criaturas aún peores. Caminamos hacia tierra de nadie y me siento paranoica, me resulta imposible dejar de pensar que el hombre al que dejé escapar nos vigila.
Adentrarnos en la zona sería un error, de eso no hay duda, a la vista de la destrucción creciente con la que nos hemos ido encontrando. Tengo la esperanza de que si conseguimos avanzar hacia el sur en dirección al Mediterráneo, aunque eso nos obligue a atravesar los Alpes, puede que encontremos una barca. Una isla sería lo ideal, creo que deberíamos elegir Córcega como destino final. Aunque, con nuestra suerte, seguro que está atestada de monstruos marinos invencibles.