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Volvamos a hablar de honor. De Andal.
Andal era mi hermano. De forma figurada, claro, pero suelo descubrir con cierta frecuencia que la familia que conoces a lo largo de tu vida es más real que la que pensabas que… Es igual. Andal era mi hermano, punto.
Taniks era el cazador y asesino de guardianes de cuatro brazos que… Pues eso.
Andal y yo… hicimos una apuesta. Aunque "apuesta" no es la palabra adecuada. No, al menos, entre cazadores. Lo que nosotros hicimos iba más allá. Presentamos un reto.
El reto.
Yo a él. Él a mí.
Asesinar a Taniks o unirse a la Vanguardia. Cazar al cazador y salir victorioso o llevar una correa. Esto era nuestro honor. Nuestra palabra.
El reto de los cazadores data de tiempos inmemoriales. Existen todo tipo de historias sobre el "primer reto", pero no hay forma de saber cuál dice la verdad sobre algo que hizo quién sabe quién y quién sabe cuándo.
El primer reto en que un cazador…
Ah, y que quede claro que esto sucedió mucho antes de que nadie se imaginara siquiera que nos autodenominaríamos "cazadores", "titanes" o "hechiceros". Era la época de los alzados. Los Elegidos no estaban organizados por aquel entonces, no tenían códigos, y no los descubrían por mucho que sus Espectros les dieran la tabarra. Era la época en que los primeros tenían chispa, tenían las mismas posibilidades de ser tiranos ególatras que descendientes de seres humanos.
Recuérdame que te hable sobre los señores de guerra. ¡Ja! Un puñado de tipos duros resucitados que hacían mal uso de la Luz como auténticos ignorantes. Vamos… que no eran santo de mi devoción. Supongo que para nadie.
¿Me estoy yendo por las ramas? Como iba diciendo…
Ese primer desafío de honor entre aquellos que terminarían denominándose cazadores… ¿Fue el salto del valle Tuvel?, ¿la carrera de los shader?, ¿el imán de medianoche?, ¿el último bastión de Kuba Sul?, ¿la gran cacería?, ¿la pequeña cacería? Nadie lo sabe... Te aseguro que yo tampoco.
Pero lo que fuera en primer lugar no importa. Todos ellos fueron los primeros. Los primeros en idear el primer reto e inspirar otros retos. Lo que importa es que, cuando se presentaba un reto, de aceptarse, ya no había marcha atrás. Residía en ti, te rodeaba. No de forma metafísica, no hablo de trucos de hechiceros, hablo de honor.
Aceptar un reto suponía dar tu palabra.
Así, Andal y yo lo presentamos, aceptamos y nos maldijimos mutuamente, pues no tuvimos en cuenta lo lejos que nos llevaría nuestra arrogancia.
Al parecer mi arrogancia nos lleva al lugar en el que todo se derrumba…