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Trono

Eris Morn volvió al puesto de Vesta. Como habló bien, se acordó intercambiar ayuda por información y una alianza a largo plazo. De esta manera, los insomnes fueron los primeros en saber de la existencia del Gran Navegante: sus filosofías, sus estrategias, sus puntos débiles. Y mientras el aquelarre contemplaba las posibilidades que se abrían ante la larga espada de este rey-dios, se decretó que habrían de construir un mundo trono bajo un pozo de energía tan ciego como el barquero Caronte. Nascia trazó los planos. Portia se encargó de los cálculos. Hicieron su primera prueba con un pequeño generador de grietas en la costa oriental. Satisfechas con la validez de sus métodos, se dirigieron después a una gran catedral para excavar el pozo. Allí, Lissyl y Sedia auguraron la primera perforación con ayuda de Riven, que había adoptado la forma de un basilisco de nariz puntiaguda, mientras que Kalli y Shuro Chi construían la propia puerta, a gran profundidad, en una sala que llamaron "la Confluencia". Illyn hizo una tintura tras otra de florete de reina hasta que su ropa apestó y las manos le quedaron manchadas de un color negro rojizo. Con los ojos bien abiertos, caminó entre los planos y ordenó los hilos de la realidad en un vasto telar metafísico, tejiendo algunos más cerca, y otros más lejos. Mara y Riven moldearon juntas su tercer trono, y el arte de su obra fue testimonio de la ávida alegría que sintieron en esa asociación. Le pusieron por nombre Eleusinia, y fue en esas salas ascendentes donde Mara esculpió al fin una estatua para Sjur. Cuando llegó la hora de conectar el Pozo con la irrealidad de más allá del portal, Sedia preguntó: "¿No sería más prudente dejar sin llave esta puerta?". Riven, convertida ahora en una inmensa serpiente con cuernos y anchas garras de tigre, se estrechaba como un lazo por el perímetro de la habitación. "Huevo", corrigió Mara con la mirada ausente, mordisqueándose la uña del pulgar. "La llave es tan pesada que no se puede levantar", aventuró Kalli, ya que estaban hablando metafóricamente. Sedia sacudió la mano con desdén. "Sí, sí, ya lo sé". Todas sabían que la puerta requería una continua carga de energías paracausales durante varias semanas, y que casi nada de este sistema solar era capaz de producir tales energías a la escala exigida por el portal. Casi. "Es solo que… ¿queremos…?". "¿Queremos fiarnos de los guardianes?", apuntó Illyn con aspereza. Mara pasó la mano por la impecable superficie del mecanismo de control del pozo principal, para luego volverse y caminar sola hacia el aire fresco y brumoso que llegaba de la costa. Las técnidas observaron su marcha. "Solo existe el plan", dijo Illyn. "Recuerda tus votos, Sedia".