Toland I
Otra técnica de comunicación nueva, y cara. El pensamiento en el fonema para marcar la señal digital. Cada transformación produce menos que el original; la alquimia de la concepción. Lee con atención, pues menos cosas valiosas se han filtrado en estas transiciones, y debes saciar tu sed con la única sabiduría deshidratada que queda.
Soy testigo de tu dura embestida contra la costa del mundo trono de Savathûn; los restos de un naufragio causal a la deriva en el mar de los aullidos. Tus sacudidas forman tormentas sobre sus aguas con la misma seguridad con la que una luciérnaga provoca incendios. Aun así, insistes. ¿Por qué no? La terquedad, alimentada por el miedo, dirige a los guardianes hacia cada causa. Tú te forjaste en la Luz y en la Oscuridad para convertirte en una espada irrompible. Y, a pesar de ese crisol de obstinación, te falta la verdadera voluntad de los genios.
Tú veneras al Viajero, y te toca perder porque Savathûn venera a una deidad más poderosa aún, la misma ante la que se arrodilla el Viajero: la supervivencia. Ese es el secreto que comparten, lo que los hace fuertes: un amo más puro con el que fusionarse. Son hermanos, tienen los mismos electrones de valencia.
De ese mismo temple de Luz y Oscuridad ha surgido una alianza para ti.
Incluso tú te mueres por beber el agua salada del conflicto que conoces e ignoras el agua más dulce y fresca que fluye desde su fuente.
Savathûn será la salvación del universo. También puede ser la tuya si te deshaces del amargo trago de una antigua lealtad de la que ya has bebido hasta la saciedad.
(Toland)