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Hogar, parte II

"Señor. Esto es terrible". —Un nómada de la Edad Oscura Yu tenía nueve ciclos y solía venir a menudo. Vivía con su familia al lado de Judson y a veces la enviaban con Germaine cuando su tempestuoso vecino se ponía demasiado beligerante. Como hoy. A Germaine no le importaba. "Judson cree que dejar que esa gente de hierro se quede con nosotros no es buena idea", decía ella. Iba y venía lentamente por la choza, pisando con cuidado por encima del juego de naipes que Germaine había colocado sobre el suelo de tierra. "Ya lo sé, pero Judson dice muchas cosas. Y, a veces, hay que tomar decisiones. ¿Ves cuánta comida nos han dado?", dijo Germaine, colocando una carta. Una lámpara titiló cerca, junto al mayor montón de cajas de raciones que habían tenido jamás en la choza. "Judson sabe usar armas. Lo he visto. Quizá él podría…". "No, no puede. Esas cosas de ahí fuera no se pueden matar. Quítate esa idea de la cabeza inmediatamente". Yu siguió caminando con el ceño ligeramente fruncido mientras pensaba. "Tener más comida está bien, pero Judson cree que van a conseguir que nos maten. Creo que va a huir", dijo. Germaine puso otra carta en el suelo. "Agradece lo que tienes. Tus padres no cenaban para que tú pudieras hacerlo. Los alzados nos han resuelto ese problema. Durante un tiempo. Tenemos que permitir que se queden". Ella dejó de caminar para considerarlo y miró hacia la lámina metálica del techo. "No quiero morir". "No vas a morir", respondió Germaine. "¿Por qué no vas a ver qué hacen tus padres? Estoy un poco cansado". "Vale", dijo ella encogiendo los hombros. Se marchó. Germaine abrió una cajita de agua de la pila de raciones y llenó una lata. Yu no se había dado cuenta, porque con la tenue luz de la lámpara no se veía muy bien, pero le temblaban las manos. ** El aliento de Judson se convertía en vapor en la atmósfera nocturna mientras cerraba el portón que daba acceso al pueblo haciendo el menor ruido posible. Si temblaba, sacudiría la estructura destartalada y despertaría a la familia de Yu, así que sujetó la manilla bien fuerte mientras la volvía a encajar en su sitio. Ahora se encontraba en el paso de salida del valle de Eaton. Al girarse, se topó de frente con Germaine. "No te había visto, hermano", gruñó Judson con voz grave, conteniéndose para no propinarle un codazo en la garganta a su vecino. Retrocedió un paso. Solo uno. "¿Adónde vas tan tarde?", preguntó Germaine. "Hermano". "¿Tú eres tonto? Me largo de aquí antes de que empiecen los disparos". "Debemos confiar en que el tal Lord Dryden sepa lo que hace", dijo Germaine. Judson negó con la cabeza. "Tú y todos los que estáis de acuerdo con el pacto vais a acabar con este lugar. Esos tipos son peores que lo que cuentan las historias". "Ya sabes lo que opino sobre los alzados, pero esta semana nos han salvado". Judson hizo un gesto de desprecio. "Nadie lo cree, porque los alzados tienen el mismo aspecto que tú y que yo, pero te matarán sin quererlo. Es tan cierto como que respiramos. No pueden evitarlo". "Están intentando pillar por sorpresa a un tipo. Solo a uno. Tenemos que conseguir que todo salga bien. Incluso los alzados pueden contener un combate de esa magnitud". "¿Vas a moverte? ¿O te muevo yo?". Germaine se apartó a un lado. "Yo no soy la ley. ¿Pero adónde vas a ir? Lo único que hay es territorio en guerra. Y su presa está a punto de llegar". "Soy un rastreador. Antes de que llegaras aquí, mantuve alimentado a todo el mundo durante años. Saldré adelante. No creo que a ese otro alzado le importe cruzarse con un hombre solo. No tengo nada que ocultar. Lo único que quiero es irme. Si queréis hacer de cebo para los muertos en guerra, os deseo una vida estupenda". Germaine rio entre dientes. "¿Qué te hace tanta gracia?", dijo Judson con voz grave y tono desdeñoso. "No sé cómo lo haces. Casi te admiro". "¿Y eso?". "No tienes miedo. Que tengas una buena vida, hermano. Ya nos veremos". Germaine volvió caminando hacia la entrada.