Te acabas acostumbrando
Hay un tipo extraño que… bueno, puede que os hayáis cruzado con él. No se mueve como los demás; más bien, cuando te das la vuelta, puede que esté ahí o puede que no. Al menos, sus apariciones son constantes y predecibles. Su nombre es Xûr. No estoy segura de por qué hay que ponerle la flechita esa encima de la "u", pero hay que esforzarse por respetar las costumbres de aquellos que no comprendemos.
La primera vez que lo vi, me encontraba en mi puestecito, en la Torre, o antigua Torre, como imagino que la llamaréis ahora. Yo no llevaba mucho rato allí, pero, cuando alcé la vista, ¡el tipo había aparecido casi de la nada! Estaba de espaldas a mí, pero, incluso así, ya daba mala espina: tenía que ver con su postura. Conforme empezó a girarse, me di cuenta de que tenía el rostro cubierto de pelo y parecía que este se movía ligeramente como con vida propia, pues no soplaba el viento.
Cuando la luz le iluminó el rostro, solté un alarido y me agazapé detrás del mostrador. Estaba segura de que esa abominación había venido a invadirnos y que había muchos otros escondidos, que era nuestro fin.
Al poco, me di cuenta de que nadie más chillaba. No oí ningún grito de auxilio. Asomé la cabeza y me di cuenta de que todo el mundo seguía a lo suyo. ¡Era la única asustada de la zona! Muchos lo vieron, varios hablaron con él.
Poco a poco, me reincorporé y traté de seguir con mis asuntos, aunque apenas le quitaba la vista de encima. Tess se pasó poco después, así que le pregunté qué sabía del extraño individuo.
"¡Ah, es Xûr!", respondió despreocupada, "se pasa de vez en cuando para vender artículos muy difíciles de conseguir". Se detuvo a analizarlo un instante y añadió: "Le vendría bien renovar el vestuario, la verdad, pero es totalmente inofensivo".
"¿Qué es?", le pregunté. "En la vida había visto una criatura así".
"Xûr es… joviano, si mal no recuerdo. Es una raza que habita más allá del Arrecife. Lo siento, pero es todo lo que sé sobre ellos".
"¿Entonces son… amigables?".
"No van a atacarnos, si es a lo que te refieres. No sé si Xûr puede considerarse amigable, pero no es agresivo".
Me calmé un poco tras la conversación que mantuvimos, pero seguía con el susto metido en el cuerpo. Durante meses, estuve dando brincos cada vez que lo veía y tuve que combatir el impulso de esconderme.
Llegado cierto punto, terminé acostumbrándome a su presencia. Incluso empezó a gustarme que fuera tan predecible: significaba que todo iba como de costumbre. El miedo terminó esfumándose.
Me he dado cuenta de que, muchas veces, mi primera reacción a lo nuevo es de miedo. Puede que le pase a todo el mundo. Sin embargo, también me he percatado de que, si soy consciente de mis miedos y los acepto, es más fácil asimilarlos y terminar superándolos. Entonces, lo nuevo deja de ser tan aterrador como la primera vez.
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Galletas extrañas:
Mezcla mantequilla poseída y sabor eléctrico, añade esencia de la Aurora y luego hornea.