I. Ahora y en lo sucesivo
Mi cuerpo se diluye con la caída porque yo lo permito. La radiolaria arrastra mi conciencia hacia la red porque yo lo ordeno. No dejo de existir ni me arrastra una fuerza exterior; la cascada accede a la gravedad solo porque así lo dispongo yo. La perenne presencia de Te'Qal en mi vértebra C2 comprende el valor de una retirada táctica.
A la edad de cuarenta y tres, me encontraba a las afueras de la Ciudadela con un bote lleno de sesos. Doscientas veintisiete réplicas de Maya Sundaresh obra de los vex, dispuestas como armas contra ellos. Zapadores, exploradores…, ratas de laboratorio en un laberinto.
Lo de Venus ocurrió en otra vida, antes que Lhasa y antes que Neomuna. Antes de la red y de mi nueva transformación.
Mi Chioma estaba a mi lado. Llevábamos nuestros trajes proxy, demasiado frágiles para caminar bajo las sombras de la Ciudadela con nuestros propios cuerpos. Débiles, mortales. Temíamos por nuestra vida y la de nuestras copias, atrapadas en un flujo de tiempo lineal, incapaces de ver que jamás seríamos tan felices.
Creíamos que la única elección ética era aceptar el voto de las copias y liberarlas en la red.
Lo mejor habría sido destruir los propulsores, hacer añicos los tarros y sacar a los renacuajos del agua para incinerarlos en lugar de verterlos en el estanque. Ninguna de esas copias era mi Chioma; ninguna era mi verdadero yo. Eran mutaciones del patrón de lectura que los vex habían generado para atormentarnos con lo que sabíamos y lo que no controlábamos. Eran negativos cada vez más desalineados a medida que pasaban más y más tiempo en algo parecido al tiempo lineal.
Esas Venus-Chiomas que transitan por la red como vestigios del primer ataque de los vex contra mí son parásitos, especies miméticas de la verdadera planta. Una Boquila trifoliata que espera que los ángulos de sus deformes hojas impidan que las vea.
Conozco a mi Chioma tanto como ella a mí.
Si no me reconoce con la luz de un Eco alrededor del cuello, es que no es la verdadera Chioma, sino una mala hierba que asfixia a una rosa de verdad.
Yo controlo las variables. Los vex me obedecen. No importa dónde se esconda mi Chioma, que yo la encontraré. Nadie puede separarme de ella.
La cascada en el centro de Nessus me empuja hacia la red de información y rehace mi cuerpo. El manto de mis hombros canta con la misma dulzura de siempre. El recuerdo de Te'Qal me sigue guiando. Mi trabajo no se detendrá por un contratiempo, igual que un coro no desaparece por una voz silenciada.
Levanto la mano y respiro antes de bajar la batuta.