III. ¿Abajo?
Viajar por la red de información vex equivale a una metáfora superpuesta en los planos lisos de realidad. Sinestesia tecnobiológica. Merkwelt, wirkwelt, umwelt. Atravieso un portal que se ha abierto gracias a los cálculos de un celador y percibo su verdadera forma igual que mis vex, incluso mientras mi lado humano busca una interpretación: Fourier se transforma en la cresta de una ola, sabedor de la furia de las aguas.
Las aguas se calman a mi paso, dóciles ante su ama. Mi laboratorio y mi corte real. Inclino el cetro y mis vex se lanzan a probar otra variable.
En algún lugar de la red habrá un registro de la piedra angular que necesito, del poder que preciso. Si no está dentro de los límites de las pruebas de mi Colectivo, lo estará fuera.
Lo que necesito es observar sin influir en los resultados.
NO ME HAGAS CASO.
La luz de mi manto se atenúa y mis pisadas se vuelven silenciosas. A mi alrededor, los vex olvidan mi presencia. Camino entre ellos como una reina ajena a cualquier sensor.
Capas y más capas de simulaciones interconectadas se apartan a mi paso con la misma facilidad que unas cortinas.
Las tempestuosas aguas debajo de mí pulverizan un mundo de acantilados vítreos hasta convertirlos en arena resplandeciente. Los vex prueban los límites de la vida acuática y las botellas de Klein.
Dieciocho mil sesenta y cuatro simulaciones apiladas como las hojas de un libro, intentos fallidos de predecir y replicar la Luz. Cientos de miles de intentos previos reducidos a cenizas.
Un minotauro —constructor de constructores— del tamaño de una nave Éxodo prueba y repite diseños de chasis para los sustitutos, la capacidad de procesamiento, las redes de sensores, el equilibrio físico en terrenos abruptos y la durabilidad. Una unidad beta con revestimiento de bronce juega a la comba con sus propias colas. Otra lleva un feto mecanorgánico en el tanque ventral mientras la radiolaria se adhiere capa por capa a su superficie.
Algo tembloroso y vermiforme atraviesa veloz las capas efímeras de la hipótesis perseguido por unos depredadores de pensamientos que se alimentan del abundante kril de datos.
Torobatl cae, se levanta y vuelve a caer, en simulaciones tácticas más relacionadas con el acceso a los servidores de sus mundos ateneos que otra cosa.
Me alejo de casa más que cualquier humano y me adentro en simulaciones de mundos iluminados por unas estrellas cuyo resplandor aún no ha alcanzado los cielos de la Tierra. Millones de mundos conectados en puntos insospechados que varios Colectivos vigilan para su propio provecho.
Toda la distancia, todos los depósitos de datos y las tácticas simuladas se me escapan entre los dedos. Y, paradójicamente, es a mi regreso a casa cuando hallo lo que busco.