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El mundo habitable

El sueño de mundos unidos tras varios milenios, extraños y familiares a la vez. Deja tras de sí un fragmento de datos que marca su paso por aquí. [REGISTRO: EFUSIÓN DE DOLOR] Después de que viniera el confidente, que traía informes sobre el fin de los amonitas a manos de las espadas de la terrible colmena, seguíamos sin conocer lo que era el desastre. Las señales inusuales en los límites de nuestro mundo habitable habían adquirido significado de repente y la información era tres veces más lo suficientemente creíble como para movilizarse. Aun así, los que estaban en el centro de nuestra ecúmene unida no conocían el olor del miedo. A fin de cuentas, era de esperar que fueran derrotados. Los amonitas estaban solos. No eran una unidad. Estaban divididos. Mientras tanto, nuestro mundo habitable seguía creciendo. Ofrecíamos la Profundidad insondable a cualquiera que deseara aprender sobre nuestra sinergia, y eso sentó las bases para convertirnos en algo más de lo que éramos. El día que empezó la guerra, me encontraba lejos del desastre. Había una fiesta. Una nueva especie pupila bebía de la Profundidad y comprendía el mundo como nosotros. La alegría se respiraba en el ambiente y todos la sentíamos como parte de la ecúmene. Les dábamos la bienvenida. ¿Qué podría estropear un momento así? Los aromas del amanecer se habían desvanecido hacía tiempo cuando leí el primer informe sobre el conflicto, pero la emoción perduraba con dulzura en mi aliento. Las balizas estaban desconectadas y los centinelas no respondían. El primer ataque. Un olor que no entendíamos inundó el aire, aunque la Profundidad apuntaba a que era familiar. De las balizas: aiat, aiat. Conservo este día en la memoria sobre todos los demás. [PROMULGAR: RECUERDO] Ha pasado mucho tiempo desde que la guerra empezó. El mundo habitable se hace más pequeño por momentos. No sabemos lo que nos depara el futuro, aparte de crisis y miedo. Marco este día en la memoria para que conozcamos las lecciones no comunicadas pero ciertas cuando se enseñen en un futuro sin guerra. Todos guardamos una frágil esperanza. El miedo no vino de repente. Las primeras señales de violencia llegaron con las mismas corrientes que la alegría. Lo que tiene valor debe celebrarse, pues quizás llegue demasiado tarde. En las Profundidades, resistiremos.