14. El Marcado
¡Ja! Así que el kell del Invierno quiere la ayuda de Taniks, el Marcado. ¡Qué formal! No hace mucho me llamaste escoria egoísta y escupiste en mi armadura desprovista de estandarte. Pude haberte arrancado los brazos y las piernas, por si acaso.
Pero tuve el presentimiento de que algún día vendrías a suplicarme mis servicios. Qué suerte tienes de que yo no sea más que un vulgar mercenario, ¿no? Ahora te conviene que ponga el beneficio económico por encima del orgullo. Beneficio no solo en forma de lumen, sino también de sangre y guerra. Ningún kell y ninguna casa ha podido saciar mi sed. Igual que ningún trabajo ha podido hacerlo.
Aunque una fuga del Presidio de los Ancianos quizá lo consiga.
Pero ¿por Aksor? ¿Me pides que pase por encima de guerreros muy superiores por ese arconte sin poder? ¿Crees que te será más útil que Peekis, el Desheredado? ¿O que Pirsis, el Castigo de Palas? ¿Que Calzar, que Drekthas?
¡¿Elegiste a Aksor antes que a la Ladrona de naves?! Eramis, la que lideró el Último Intento, la que se arrojaba sobre los miserables portaluces y se movía tan rápido que parecía tener ocho brazos. Cuando tus patéticos miembros de la Casa del Invierno siguieron sus pasos, tuvieron que avanzar a través de la sangre que dejaba a su paso.
Y todavía te preguntas por qué rechacé el juramento de lealtad hacia mi casa. Podrías conquistar el sistema, pero prefieres seguir estas costumbres arbitrarias. Aksor pertenece a la Casa del Invierno y Eramis no.
Mi tarifa es el doble de lo normal. El incremento es por el autocontrol, ya que tendré que usar todo el que tengo para liberar a Aksor y no a los guerreros elixni más feroces.