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6: Cimientos - Parte I

Lo que sería la Última Ciudad se cierne sobre Osiris. Las barricadas desvencijadas se caen a trozos a su alrededor durante kilómetros. Camina entre paredes de óxido de acero a medio levantar y cimientos de tierra destruidos, marcados por los disparos de armas pequeñas. De camino, ve a decenas de ciudadanos soldando fortificaciones, reparando y demoliendo casuchas chamuscadas durante la batalla para reutilizar los materiales en hogares resistentes. Los portaluces salpican el paisaje, lanzando grandes cargas de metal a las paredes que se yerguen, fundiendo vigas con Luz solar o buscando amenazas distantes a lo largo de las muchas torres de vigilancia que bordean la Ciudad, como faros que guían a los perdidos a un puerto seguro. Los Espectros proyectan diagramas y esquemas para indicar los quehaceres de cada trabajador. Un hombre saca una taza tosca de un cubo. Gotea agua limpia mientras se la lleva a los labios y bebe con necesidad mientras el cubo se transporta en poleas para refrescar a otro grupo en otro lugar. "Nunca había visto tantísimos Espectros. ¿Nos quedaremos mucho por aquí?". "El Viajero está aquí, Saguira. No hay lugar mejor para encontrar las respuestas que buscamos". El olor a té y especias flota en el ambiente y choca de vez en cuando contra los sentidos, con el humo del tiempo y los gases. Un aroma a carne a la pimienta arrastra a Osiris hacia una plaza central llena de materiales dispersos y paredes bajas con montones de ceniza apilados que sostienen rifles de chatarra. Un exo blindado arrastra los pies entre parrillas en el centro de un anillo de escombros. "Parecía más... grande", cavila Saguira, mientras inspecciona los restos de la ciudad de tiendas desde la distancia. "Es lo que tienen los rumores. No es exactamente el oasis de apoyo del que habló Felwinter, pero es un comienzo". "¿Qué parecía más grande?". El chef exo suelta media docena de platos de madera con comida sobre un mostrador de piedra sin tratar. "Es esperanza, guardián. Días tranquilos como este... pronto habrá más así". "No soy guardián. He quedado con un amigo". Osiris mira hacia una Torre lejana que sobresale por encima de la construcción que la abraza. Solitaria, a la sombra de un orbe blanco hueso. "Yo seré tu amigo. Ven. Siéntate. Come. Queda suficiente para que te unas. Soy San-14". Osiris escruta la carne emplatada y las humeantes brasas antes de volver la mirada de nuevo a las fortificaciones en la distancia. "Valdrías por veinte hombres trabajando en ese muro". "Es su muro. Si necesitan ayuda, solo tienen que pedirla". San-14 le alcanza un plato de comida a Osiris y sus facciones metálicas esbozan una sonrisa. "Ya que no parece que este vaya a presentarnos... se llama Osiris y yo soy Saguira. ¡Un placer conocerte, San!".