Capítulo 8: Migración
"Te oí el otro día", digo junto a la entrada del cuarto de Zavala, que está afeitándose. "Ana. Dijiste que la matarías".
Limpia la cuchilla y se lava la cara.
"Lo haré si es necesario", responde.
"¿Qué te hace pensar que será necesario?".
"Conozco a Ana desde hace tiempo. Algo no va bien".
"¿No decías que tenía que escucharla?".
"Quería comprobar si tú también estabas afectada".
"Maldito seas", contesto furiosa.
"Solo quiero asegurarme de que todo salga bien".
"De no ser por ella, no estarías aquí. Estarías pudriéndote entre los escombros".
"¿Has terminado?".
"Es mi hermana, mi responsabilidad. No te corresponde tomar esa decisión".
Sé bien de quién es la responsabilidad y él también.
"Entonces, espero que seas capaz de hacerlo llegado el momento. Por el bien de todos", contesta.
El Leviatán está en silencio. No se respira la atmósfera de celebración de un ejército victorioso. Parece más bien una marcha fúnebre. No es mi deber alentar a las tropas, así que me coloco al lado de Ana y observo cómo nos acercamos a la Luna, con el Viajero atrapado en el arnés.
"Todos sabéis qué hacer. Me encantaría deciros que volveremos a vernos, pero sabemos que eso no ocurrirá. Estamos aquí con un solo objetivo: detener a Eris Morn a cualquier precio", dice Zavala.
Él y Mara se miran y asienten. Zavala pasa por nuestro lado en silencio. También pasa junto a los cabal y los caídos. Supongo que tampoco le gustan las despedidas.
"Hemos llegado. Preparaos", ordena la reina. "Que quede claro: Eris morirá hoy".
Avanzamos hacia los transbordadores y dejamos a Rasputín al frente del Leviatán. Me uno a Ana y a Mara en nuestro recorrido hacia la superficie.
"Ana, todos estos años he hecho lo que tenía que hacer. Pero lamento que nos perjudicara", digo.
"Deja eso para después. Vamos a ganar".
Al alunizar, el transbordador emite un ruido ensordecedor que me estremece. La puerta se abre y nos recibe una horda de lacayos. Abrimos fuego. Entre el caos, veo la silueta del Bastión Escarlata. Veo a Eris Morn, absorbiendo poder de debajo de la superficie. Veo un ejército de guardianes oscuros avanzando hacia nosotros.
Levanto la vista hacia el Leviatán y el Viajero, que emiten un resplandor fosforescente. Lo está haciendo. Zavala se está sobrecargando de Luz que extrae del Viajero con la tecnología de Ghaul. Buena suerte, comandante, y gracias.
Ana y Mara se abren paso entre enemigos de la colmena y guardianes oscuros. Encuentro a Ana y señalo a Eris. Unidas, desplegamos nuestra ofensiva. Ana abre fuego contra un cazador y yo la cubro. Luego, contengo con estasis a un ogro que viene a por nosotras. Ana suelta una granada a sus enormes pies y, en un instante, queda reducido a polvo. Eris nos descubre y me parece verla sonreír. Toda una brigada de insomnes se alza desde el Bastión, corrompidos con espinos e insignias de la colmena.
Ha llegado la hora, Estratega.
Justo cuando los insomnes desertores empiezan a disparar, salen volando por los disparos de la antena satélite, es un espectáculo asombroso. Puedo sentir la frustración de Eris. Entonces la veo, la Oscuridad la envuelve mientras inicia un ritual de invocación.
Un rayo de Luz cegadora rasga el oscuro cielo con la velocidad de una estrella fugaz y se dirige al Bastión Escarlata.
Haz que sufran, comandante.
Choca con la estructura con exquisita precisión, creando una pequeña fisura. Tras unos instantes, una explosión, devastadora y catastrófica, reduce el Bastión a escombros. No se oye más que el eco de un grito ensordecedor que solo puede ser de Savathûn. Mara corre hacia nosotras. "La Bruja se debilita. ¡Ataquemos ahora!".
Eris recupera la compostura al ver que nos acercamos. "Todos mis detractores unidos en el mismo lugar. Gracias por traerlos, Ana", dice con una sonrisa.
Miro a Ana, confundida. Ella saca un cuchillo y apunta con él hacia Mara. Intento detenerla, pero no puedo. Algo me paraliza, es Ana. Apuñala a Mara Sov ante nuestras miradas atónitas. "De nada, mi reina". De sus manos gotea estasis mezclada con sangre.
"Tarde o temprano, todos nos volvemos oscuros", dice Eris satisfecha.