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Criba

El sueño de una conversación amistosa con alguien que no se puede ver, oculto entre las sombras. Deja tras de sí un fragmento de datos imposible que marca su paso por aquí. Esto es lo que sabe una flor. (El hecho de que una flor pueda saber algo es un concepto que debe aceptarse como metáfora, pero tener que atenerse a la precisión de las cosas constantemente cansaresulta agotadortermina por cansar, ¿no? Así que he aquí lo que un conjunto de cloroplastos y pigmentos pueden saber). La dirección del sol. La presencia de la lluvia. La maraña de raíces. La angustia de otra planta. Las manos del jardinero, ya sea que poden, trasplanten o aplasten. Una flor no puede saber mucho más, pero la realidad del jardín es amplia y salvaje. Una flor no conoce la valla ni el sendero. Y, sin embargo, hay un jardín cósmico infinito que no es menos real solo porque la flor no pueda comprenderlo… Hagamos otro intento. Detenme si ya has oído esto antes: un jardinero y un cribador se sientan para jugar a un juego fuera del tiempo y la creación. ¿Te suena? Sí. Entonces estamos de acuerdo. La metáfora funciona. Repitámoslo. Un jardinero y un cribador disponen sus sillas y juegan al juego de las flores. Las flores solo saben que crecen o se marchitan, que lo pasan mal o florecen. A veces, una mano u otra las toca y esa influencia es lo más cerca que estarán de conocer lo divino. Dos flores extienden sus hojas bajo el sol (recuerda que el sol también es una metáfora: algo dicho con hermosura, cribado para convertirlo en poesía, cuando la verdad es demasiado vasta para definirla con palabras). Se empujan por el espacio, cada una compitiendo para convertirse en el pináculo de su forma. ¿La culpa es de la flor o de su posición? Un jardinero y un cribador se sientan para jugar a un juego llamado Posibilidad. Es un juego que trata sobre un jardín, lo que significa que también trata sobre las flores, igual que un juego sobre un ser vivo también deber ser un juego sobre órganos y bacterias. Un jardinero y un cribador colaboran para crear una proteína. ¿En manos de quién está el diseño, que acorta una vida para extender las demás? El cribador es el que descubre el primer cuchillo, pero no lo hace sin el jardinero. Esto también es una tradición: un cuchillo no se hace realidad si no hay nada que cortar. Un tallo leñoso, un pétalo de colores, un vaso vital. Las primeras víctimas del filo. Todo esto es cierto. Todo esto es falso, porque la metáfora simplifica igual que lo hace el cuchillo. Reduce conceptos incalculables a formas que vuestros pequeños cerebros arrugados puedan comprender. La magnitud de mil millones y la simple curvatura de un planeta os hacen reflexionar. Entonces, ¿cómo podría esperarse que entendierais las fuerzas que crearon a vuestro creador elevado a la enésima potencia? Así que las historias tejidas con la mayor delicadeza alrededor de las mentiras son, al fin y al cabo, verdad. Que el cuchillo no existiera en el jardín nunca fue una opción: era solo una cuestión de tiempo y oportunidad. Y en lo que concierne a la forma del cuchillo en sí… No, ya es suficiente. Te hablaré de jardines. Son entes domesticados, creados con una forma. En cuanto algo recibe el nombre de jardín, tiene forma. Las plantas necesitan la mano del jardinero, ya que se han vuelto débiles y dependientes de su cuidado. Necesitan la mano del cribador para que corte lo que no vale, ya que no pueden hacerlo por sí mismas. En la ausencia de una mano, las flores deben alzarse para blandir el cuchillo ellas mismas; de lo contrario, el jardín se convertirá en una jungla sin sentido. Y dirás: "¡Pero hay plantas que pueden caminar! Algunas semillas deben quemarse para que crezcan. La existencia es algo más complejo que una simple dicotomía entre crecer y marchitarse. Y hay más en el cielo y en la tierra de lo que concibe esta filosofía". Y te lo diré claramente: No puede haber jardines sin cuchillos.