CARTA 5
Querido Viajero:
Hoy ha sido el día más interesante que hemos tenido en Eventide. En clase, hemos ido de excursión a la superficie para estudiar el clima de Europa. O eso dijeron los profes. Quizá es que estaban tan asqueados de estar confinados dentro como nosotros.
Mientras nos poníamos los monos paraiones, la profe nos dijo que teníamos que estar siempre con un compañero. Pero, claro, al salir, todos se fueron corriendo de un lado a otro sin hacer caso. Por eso decidí ir a aprender cosas más útiles en la fábrica de exos con Papá y Padre. No rompí las normas. La fábrica estaba justo ahí y tenía dos compañeros: Mihaylova y Calumet.
Como no puedo entrar sin acreditación, me colé por el muelle de carga, donde había dos exos descargando un montón de cajas. Parecía que iban a terminar de un momento a otro, así que me escondí debajo del muelle a esperar a que se fueran.
Pero oí que uno decía: "Voy a tomarme un descanso. Aunque no comamos, esta es la hora del almuerzo y me niego a trabajar durante el almuerzo".
El otro contestó: "Echo de menos almorzar. Echo de menos sentir hambre".
Entonces, el primero contestó con un tono de voz muy raro: "¿Dirías que estás hambriento de hambre?", y los dos se rieron un buen rato.
Luego, el segundo exo dijo: "¿Qué le dijiste al loquero, por cierto? ¿Le contaste lo del susurro?".
En ese momento, quise irme. No me gustaba oír cómo se reían de Padre. Y la forma en la que hablaban de comida y de sueños me dio mucha angustia. Tanta que debí de haber hecho algún ruido, porque dijeron: "¿Qué ha sido eso?".
Y eché a correr.
Oí gritos, pasos que me perseguían, un golpe seco y un chisporroteo sobre mi cabeza. Entonces, dos frías garras me atraparon y miré directamente a esos resplandecientes ojos azules.