El bosque
Nora y Bram habían escogido como objetivo un tronco podrido y lleno de setas. El cielo estaba despejado. La luz se colaba entre las copas de los pinos. Después de unos cuantos disparos ensordecedores con La Carabina, el bosque se quedó tan silencioso que lo único que podían oír era su respiración.
Bram bajó la escopeta aferrándose a la esperanza de haber acertado esta vez. Pero no. Nora soltó una risotada que rompió el silencio como si fuera un disparo más. Bram le pasó el arma a su mujer y giró el hombro derecho con una mueca de dolor.
"Esto…, eh, pega fuerte", dijo finalmente.
"Como todas las cosas buenas", dijo Nora levantando el arma y mirando por el objetivo. Cuando volvió a mirar a Bram, vio que sacudía la cabeza.
"Es la primera vez que me dejas tocarla. Al menos podrías haberme avisado del retroceso".
Nora sonrió.
"¿No te habías dado cuenta?".
"Bueno, es tú ni te inmutas", respondió guiñando el ojo.
"Supongo que la conozco demasiado bien", dijo ella sonriendo.
Hacía frío. Se quitó el abrigo raído de los hombros y lo colocó sobre los de su mujer.
Ella le pasó de nuevo La Carabina y metió los brazos en las mangas del abrigo. No se le cerraba del todo sobre la barriga. Ninguna de las prendas de invierno que habían recogido lo hacía ya.
"Te acostumbrarás a ella", le dijo. La compasión era su consolación. Él levantó el arma.
"Ponte de lado. Ahora apóyala sobre la cadera", le dijo. Él la colocó sobre el hueso de la cadera, pero ella la apartó. "Así no".
Bram puso los ojos en blanco, pero con una sonrisa. Hizo lo que ella le indicó. Siempre se le había dado bien escuchar.
"¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?", preguntó ella dando un paso atrás.
"Conocí antes esta arma", respondió él. Y disparó.
***
Fue en unas ruinas polvorientas de la carretera. Lo primero que vio fue la punta de La Carabina.
Bram se quedó mirando el cañón antes de mirar a los ojos a la mujer que la sostenía. Cuando vio que no era una amenaza, bajó el arma.
"Nora Jericó", dijo, como si no hubiera estado a punto de dispararle. "¿De dónde vienes?".
Hizo un gesto detrás de él.
"¿Cómo te llamas?".
Intentó hablar, pero no le salían las palabras. El susto se lo impedía.
"Sabes que este lugar no es seguro, ¿verdad?", preguntó ella.
"¿Lo dices por ti?", le espetó él sin pensar. Hizo una mueca y la miró con los ojos muy abiertos durante un instante tenso.
Después, ella se echó a reír con un sonido fuerte y breve que le hizo estremecerse, y le extendió la mano para saludarlo.
"Nora", dijo empezando de nuevo.
"… Bram", respondió él finalmente. Le estrechó la mano y soltó una risa aguda y entrecortada, una risa de alivio.
***
Esta vez el disparo acertó en la diana haciendo que el tronco reventara con el impacto. Nora miró a su marido, que sonreía con aire triunfante.
Después escucharon otro disparo, y otro más. Una explosión repentina de energía de arco abrasó el tronco que tenían detrás, y este empezó a crepitar entre las llamas. Bram se había quedado petrificado, pero Nora le quitó el arma de las manos y la sujetó con firmeza mientras escudriñaba las filas de árboles altos y rectos.
Detectó un movimiento por el rabillo del ojo, reaccionó con rapidez y disparó. Le dio al borde de un árbol; eso bastó para sobresaltar al caído que se escondía detrás.
Se dio la vuelta para salir corriendo, se tropezó con una raíz y cayó al suelo. La pistola voltaica fue a parar lejos de su alcance. Rodó sobre su espalda, desesperado, mientras Nora se le acercaba con el arma. No oyó más tiros ni ningún otro movimiento. Estaba solo, aterrorizado. Dos de sus brazos estaban cortados al nivel del codo. El caído alzó la vista por encima del cañón de Nora y sus miradas se cruzaron. Ni siquiera intentó alcanzar su pistola.
Nora se quedó en silencio, con el dedo en el gatillo, durante un buen rato. Después asintió con la cabeza. Con su permiso, el caído se puso de pie, se dio la vuelta y desapareció en el bosque.
Nora esperó hasta que dejó de oír sus pasos. Entonces se agachó, se puso en cuclillas y recogió el arma que había perdido el caído para dársela a su marido.
"Toma", dijo ella. "Es más de tu estilo".
Nora sujetaba su arma con fuerza. Se preguntó por un momento si el caído, al escuchar los disparos de práctica, había asumido que ellos le dispararon primero. A lo mejor había atacado por miedo. No había manera de saberlo.
Su marido la rodeó con los brazos y ella relajó las manos que antes agarraban el arma con firmeza.
Esa noche, Bram y ella se acostaron en un refugio que él había montado en un camión viejo y oxidado. Tuvo que limpiar las arañas que había en la cabina y poner unas mantas para hacerlo más cómodo. Cuando Nora se subió, sonrió y dijo que con eso era suficiente. Era su manera de dar las gracias.
"¿Por qué lo dejaste ir?", le preguntó Bram. Nora se acordó de la mirada aterrorizada del caído.
"La Carabina no es para matar, sino para proteger".
Bram puso la mano sobre su barriga y sintió al bebé moverse dentro. Nora ni se inmutó.
"Pega fuerte", dijo Bram con la misma risa de alivio aguda y entrecortada.
"Como todas las cosas buenas".