El verso que procura
Un canto del Rey;
desafiante, con odio.
Oryx, Señor de las Formas, ha hablado.
Nuevo rey de los poseídos.
Eco de fuerza imperecedera.
¿Dónde están mis soldados? ¿Y mis hijos?
Surco el mar de los aullidos, rumbo a la oscuridad eterna.
Debo ver, debo saber, debo comprender.
Nada está fuera de mi alcance.
Las Profundidades no me hablan.
Los poseídos no me obedecen.
El cribador está más allá de mi alcance.
¿Quién eres tú, que susurras en la oscuridad?
Tu voz suena débil, ser silente.
Patético manípulo de la nada.
Refugio de los desesperados.
Me impides avanzar, ¿no es así?
Esto lo prometo.
Un juramento de sangre.
Desde el primer latido de mi nuevo corazón.
Seas lo que seas, te comprenderé.
Y créeme, me regocijaré en la disección.
Se abrirá tu costillar, y tus susurros serán sollozos.
Aquel que dominaba las formas te dominará a ti.
Así afirma Oryx, Navegante hasta el final.