Legión Perdida – 15
"Aproximadamente… 13,2 kilogramos", leyó el criptarca Yareli en la balanza.
Eido retorció ambos pares de manos con incomodidad. Las paredes del laboratorio estaban cubiertas de cientos de canopes, llenos de órganos y apéndices conservados. Reconoció muchos de ellos como elixni.
"¿Y eso es… mucho?", preguntó Eido.
El criptarca arqueó una ceja. "Bastante para ser confeti. ¿Dices que los miembros de la Horda Decapitada sueltan una lluvia de este material al morir?".
"Eso es", respondió Eido, "junto con algo comestible que los guardianes llaman 'caramelos'". Intentó, sin éxito, que el asco no se le reflejara en la voz.
El criptarca sacudió la cabeza con incredulidad. "Aparte de su densidad, que es increíble, este confeti es idéntico al que usaban los humanos durante las celebraciones anteriores a la Edad Oscura".
Los ojos de Eido brillaron con inspiración. "Celebraciones como… ¡Halloween!".