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En alguna parte, la otra estrella diminuta te llama. Intentas responder, pero no puede escucharte. No sin ayuda. Quieres ayudar, pero estás paralizado. Tienes las extremidades aplastadas y el corazón te late muy lentamente. Nunca has conocido la debilidad tan de cerca como ahora. Tan solo te queda esperar. --- Soy el último Orador, pero he estado buscando al siguiente. Me encuentro en el balcón de mi pequeño apartamento con Lady Efrideet, que quiere irse de la Última Ciudad segura de la Tierra. "Supongo que no puedo convencerte de que te quedes". Efrideet está de pie, con los brazos cruzados, contemplando la Ciudad. "No", responde. "Y no necesitas pedir permiso, está claro". Se ríe, pero solo un poco. "No". Se asoma por la barandilla del balcón y mira hacia abajo. Los guardianes no tienen miedo a las alturas. Es probable que se colgara encantada de la barandilla por los tobillos si estuviera de humor para ello. "Pero estaba pensando en lo que has dicho antes...". Se da la vuelta para mirarme, pero la máscara inexpresiva vuelve a cumplir y no revela nada. "Acerca de buscar al próximo Orador". Ah. He esperado décadas a que alguien viniera a mí para decirme que su hijo tiene sueños extraños y dolores de cabeza cegadores. A ver a un guardián pasear por la Torre seguido por una miríada de Espectros sin compañero. He entrevistado a cientos de personas mediante comunicaciones a larga distancia. He consultado al Viajero. He caminado cada día entre multitud de civiles y guardianes en la entrada de la Ciudad. Y, aun así, no he encontrado a nadie a quien pueda legarle la máscara. Antes de que San-14 se fuera a Mercurio, pensé que tal vez él podría ocupar mi lugar, que quizá pudiera enseñarle. No es la forma en que se suele hacer, pero él tiene un corazón muy grande y el temperamento correcto. A veces, pienso que está más preparado que yo. Pero no ha regresado. Carraspeo. "Sí", digo. "Cierto, todavía no lo he encontrado. Pero sé que está ahí afuera". "Bueno", dice Efrideet. "Voy a salir ahí fuera. Puedo buscar". Es una buena oferta. Pero, de todas formas, sigo esperando a que él regrese. "¿Por eso quieres irte de la Ciudad?", pregunto, en vez de mostrarme conforme con la propuesta. "Fuiste tú quien me convenció para venir aquí". "Y me alegro de haberlo hecho", responde, levantando la barbilla. "Pero no, no es eso. Hay algo en esta vida que no... me funciona. Creo que una guardiana debería tener más formas de dejar su huella en este mundo que con un arma". "No es eso lo que yo pienso de ti". Hace una pausa y se apoya en la barandilla. "Claro", dice. "Pero está grabado al fuego en mi memoria muscular, de todos modos. Son cientos de años de apuntar y disparar, Orador...". Niega con la cabeza. "Aún no sé qué es, pero quiero encontrar una forma diferente". Esta conversación me resulta muy familiar. Yo era muy joven la última vez que la tuvimos. "Entiendo", digo, más suave ahora. "Es una causa noble". Ella se encoge de hombros. "Y tal vez vuelva con un pequeño Orador". No lo dice, pero el "si es que vuelvo" queda suspendido en el aire. "Agradecería tu ayuda," digo, al fin. "No puedo llevar esta máscara toda la vida".