IX.I: El deshacimiento
CANTA, HERMANA… A LA MUERTE Y A SUS MUCHOS DONES
Desde el principio, ha habido guerra.
Guerras de ego. Guerras de conquista. Guerras de desesperación. Guerras de codicia.
Tras la guerra, muerte.
Tras la muerte, un final.
Tras los finales, principios.
Ahora se canta uno en clave de dolor. La verdad de Azavath, su ser al completo, liberado de golpe con la gracia de un cirujano.
Los oídos de Malkanth sangran mientras el deshacimiento de su hermana revela su ser.
En los ecos de los gritos de Azavath se desvelan historias ancestrales…
CANCIÓN DE VIDA
La Canción no siempre fue una corrupción. Empezó como un regalo, robada al Jardinero. Al intentar comprender las realidades incognoscibles de los increíbles regalos del orbe, apareció una señal: una melodía repetitiva, la Canción de la Creación. Sus frecuencias se oyeron por las estrellas donde la promesa de la vida se asentó. Entre los amonitas, algunos le rindieron culto. En la colmena también sucedió lo mismo. Sin embargo, otros intentaron comprenderla para poder encerrarla, para poder controlarla, porque controlar la vida es controlar la muerte. Esta ambición no era algo nuevo; era tan antigua como el entendimiento. La melodía fue capturada y estudiada. Sus frecuencias, replicadas.
Pero los misterios del orbe no afloraron tan fácilmente. La Canción, a pesar de toda su belleza, no producía vida por sí sola. Se pensó que la Canción no era una sola, sino muchas. Que, en su estribillo, unos ritmos ignotos contaban sus propias verdades, libres y separados del conjunto.
Pasaron siglos. La Canción siguió indómita. La vida siguió adelante.
CANCIÓN DE MUERTE
El Coro se formó en honor a la Canción. Sus interpretaciones marcaban el paso de las estaciones. Pero la mentira de la Canción empezó a corromper el espíritu de los que oían su melodía, que no era más que un recordatorio. El orbe era un catalizador. Y la Canción era del orbe. Pero los que se rendían a la Canción eran simples instrumentos, nada más. La vida permanecía fuera de su alcance, mientras que la muerte siempre los tenía a mano. Los miembros del Coro se entregaron del todo, pero no fue suficiente.
La Primera Directora fue asesinada por alguien que cantó un aria creada por ella misma. Ella, cuyo nombre ha quedado borrado, había encontrado notas ocultas en las frecuencias, invertidas y con el tono reflejado. Las entretejió y cantó su bella abominación hasta que la Directora lloró, sangró, gritó y cayó. La Afligida huyó, temerosa por su crimen, pero otros encontraron nuevas promesas en su arte. La Afligida fue capturada y sometida a un interrogatorio para intentar comprender su canción. Esto fue antes de los discernimientos —antes de casi todo—, cuando se escribieron las notas de una nueva Canción.