Fideicidio III
Acabar un mundo con un disparo o clavar la eternidad en una espada; ver a tus hermanas perdidas en la podredumbre y sus obras frustradas en decadencia: la muerte de un inmortal desperdicia el potencial infinito de todo cuanto podría haber llegado a ser. La tristeza de un inmortal y el sentimiento de culpa por el asesinato, si se dejan desatendidos, no desaparecerán nunca. Por eso los que combatieron en la Guerra de la Teodicea supieron que habían cometido un mal incomparable. Sin embargo, no eran capaces de afrontar su propia responsabilidad, por lo que se levantaron furiosos contra quienes los habían provocado, ya fuera encerrándolos en cuerpos de carne o derramando sangre por sus reivindicaciones. La guerra continuó con lanza y arco, con cuchillo y escalpelo, con la vieja máquina y el nuevo invento. Sin pausa clamaron los fieles de la Diasirmo por que se hiciera caso omiso de la reina Alis Li.
En el campamento de la Diasirmo entró Osana, la madre de Mara, famosa por su habilidad para negociar tierras en disputa. Había llegado con su hijo Uldren, que podía ganar un puesto en cualquier bando por su belleza y por la regia águila cuervo que se posaba en su hombro.
"Vengo de parte de Mara", dijo Osana, "cuyo corazón se le ha congelado en el pecho. Si acabáis con la matanza, os contará cualquier secreto que deseéis".
Por su parte, Uldren se infiltró entre los guerreros de la Diasirmo y propagó noticias falsas sobre lo que Mara sabía, diciendo: "Mara recuerda cómo la reina nos llevó hasta aquí para protegernos del caos y salvarnos de la doble ceguera de la Luz y la Oscuridad. Mara sabe lo que la reina mantiene en secreto. Mara ha visto el combate en nuestras almas, el conflicto con el que fuimos creados. ¡Nunca pudimos haber sido dioses con este defecto en nuestro interior! Más bien, fuimos creados a partir de este cisma. Pues al igual que toda la vida nace del gradiente de energía, al igual que la vida en el Mundo Anterior nació del gradiente entre las calientes aguas geotermales ricas en protones y la fría agua del mar, nosotros nacimos de la oscura línea en el borde de la Luz y la Oscuridad. Somos temblores en esa falla. Siempre nos moverá ese cisma".
Al oír esta nueva herejía, los ecaleístas abrazaron la contrariedad y se diseminaron por todos los puntos cardinales diciendo a cuantos veían: "¡Somos el rendimiento de un potente motor! ¡Nunca podríamos haber sido dioses! Como los diamantes, fuimos aplastados para existir. Como los diamantes, tenemos defectos".
Mientras tanto, Osana habló con la Diasirmo, que estaba también abatida por las muertes y deseaba retirarse del mundo y buscar la trascendencia en la interioridad. "No hay wergeld por el asesinato de un inmortal", le aconsejó Osana. "Debes convertirte en profesora o comadrona y dedicarte al enriquecimiento de nuevas vidas".
Pero la Diasirmo anhelaba conocimientos secretos, y buscó a Mara en la cima de la montaña. Y aquí, desapareció. Si alguna vez volvió a ser conocida, no fue por el nombre de Diasirmo.
Cuando hubo paz, la reina Li gobernó a los insomnes por un tiempo; sin embargo, la culpabilidad por la guerra pesaba fuerte sobre ella, y tras una época de paz y progreso, abdicó en favor de una nueva reina.