Una historia admonitoria
"¡Eva Levante!". Ikora me agarró de la muñeca y se acercó para susurrarme. "Tengo que hablarte sobre Eris Morn".
Ah, nunca olvidaré ese día. Por aquel entonces, yo andaba muy ocupada tratando de animar a la Vanguardia y a los demás comerciantes de la Torre de cara a la Aurora. A cambio, muchos acudían a mí con cualquier cosa relativa al festejo. Aun así, me sorprendió que la Vanguardia de hechiceros recurriera a mí, ¡sobre todo para hablarme de Eris Morn, nada menos!
Puede que, a mi pesar, hasta me estremeciera por la sorpresa.
"Te he visto hablando con ella mientras preparabas los adornos…".
Lo que yo recordaba era que Eris me había estado hablando sobre abismos mientras yo trataba de colocar los farolillos, pero no quería decirle eso a Ikora.
"Me preocupa", continuó, "parece deprimida".
Miré a Ikora y aparté la vista al instante. A mi favor, he de decir que no se me escapó la risa.
"Está todavía más malhumorada que de costumbre, y los técnicos de la Sala de los Guardianes empiezan a quejarse. Eva, ¿por qué no hablas con ella? ¿Por qué no… le pides que te ayude? Seguro que te vendría bien".
Una idea terrible, pero, de nuevo, no podía expresar mi desacuerdo. En lugar de eso, sugerí: "Puede que tenga algún amigo o amiga —bueno, puede que no tanto como eso—, alguien con quien le guste hablar, alguien con quien tenga algo en común…". Perdí el hilo al recordar de quién estábamos hablando.
No obstante, Ikora reaccionó: "Hay alguien a quien ella se dirige de forma voluntaria, un escriba de Gensym llamado Asher Mir. Él también es… bueno, es un auténtico erudito. Me pondré en contacto con él, a menos que tú lo conozcas, claro…".
"¡No lo conozco!", respondí vivamente, "pero espero que funcione, porque quiero que todo el mundo disfrute de una feliz Aurora. Ahora, si me disculpas, tengo que hacer algunas entregas".
Todavía no tenía confianza con Ikora como para apretarle el brazo en señal de despedida, de modo que hice un gesto con la cabeza y me escabullí.
Sin embargo, cuando volví a cruzarme con ella más tarde ese mismo día… ¡Menuda mirada me lanzó! "He hablado con Asher, como sugeriste", musitó.
"¿Y bien?".
"Al principio refunfuñó. De hecho, parecía ignorar que la Aurora fuera a celebrarse. Pero se lo expliqué todo y, cuando le dije que… se vería con buenos ojos si le escribía una tarjeta de felicitación de la Aurora o iba a visitarla, me respondió que le escribiría. También comentó que tenía un regalo de la Aurora para ella".
"¡Vaya, qué amable!".
"No estoy tan segura", suspiró conforme sacaba un papel.
Estaba doblado cuatro veces para formar una tarjeta de felicitación. No había nada en la cubierta, pero dentro ponía: "Eris, la Vanguardia de hechiceros me ha dicho que te anime con motivo de los festejos que se están preparando. Voy a aprovechar esta fortuita oportunidad para enviarte las notas de investigación que me pediste al respecto de las prácticas heréticas que se desarrollan en la colmena, por muy fingida que fuera tu petición. ¡Te deseo lo mejor para esta Aurora!".
"Le has dictado tú esa última parte, ¿Ikora?".
Se detuvo un instante antes de responder. "Sí".
Me reí. "Bueno, será mejor que se la entregues. Yo no diría que un estudio sobre la colmena sea un obsequio típico de la Aurora, pero, bueno, es lo que le pidió".
Ikora agitó la cabeza, fatigada, y se marchó.
Más tarde, cuando me disponía a salir con mi última remesa de entregas, Ikora volvió a abordarme.
"He ido a ver a Eris. No sé si está más animada, pero sí que me ha dicho: «Ah, sí, llevaba tiempo esperando estas notas. Muy bien». Hasta le ha escrito un mensaje de la Aurora como respuesta a Asher".
Ikora me volvió a enseñar el mismo trozo de papel que el escriba había utilizado, pero, ahora, con un nuevo pliegue, decía: "Asher: Recuerda no sucumbir a los susurros como hacen los necios. ¡Te deseo lo mejor para esta Aurora!".
Me encogí de hombros.
La hechicera se aclaró la garganta. "Eris también me dio un regalo de la Aurora para que se lo entregara a Asher".
"Al menos se está esforzando".
"Bueno…". Ikora me llevó a un lado y sacó un pequeño paquetito tosco envuelto en tela. Empezó a desenvolver las capas de tejido con cuidado hasta desvelarlo: el regalo de la Aurora brillaba con un resplandor verde pálido.
"¡No puedo darle esto!", bufó Ikora. "Podría simplemente…", miró a los lados en busca de testigos antes de proseguir, "… librarme de él, ¿no?".
"Esto va más allá del protocolo de la Aurora", le respondí entre susurros.
Asintió con mirada decidida. "No volveremos a hablar de esto".
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Pudin radiolario:
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