¿Quién protege a los guardianes?
A mi alrededor se suceden pasos desesperados, continuos y ligeros.
El golpeteo de microcohetes perforantes. Los llantos y alaridos colman el aire.
No siento… nada. En mi interior no hay… nada. Solo hay frío. Vacío. Sin alma. Sin Luz.
La Legión Roja se lo ha llevado todo.
Poco a poco, los pasos desesperados disminuyen. Durante unos minutos, la Última Ciudad se sume en el silencio. Entonces… suena el leve gruñido de su respiración. El ruido metálico de lanzapostas pesados contra sus armaduras carmesí. Los temblores de sus pasos de botas pesadas conforme se aproximan.
Pum. Pum. Pum.
Los mortales se hacen la misma pregunta una y otra vez, una pregunta sobre el significado. Sobre su lugar en el universo.
No es nuestro caso. Quizá al principio, cuando tratábamos de comprender lo que había sucedido el día en que el Viajero nos liberó, pero no, ya no. Conocemos nuestro objetivo, por qué estamos aquí.
En la antigüedad, la humanidad soñó con dioses, cielos y protectores alados que cuidaban de ellos, que los mantenían a salvo de todo daño impredecible e incontrolable. En esta época, considero que la humanidad ve eso en los guardianes. Pero, cuando los guardianes andan en apuros… ¿quién protege a los guardianes?
Pum. Pum. Pum.
Ya están cerca. Si creen que no voy a permanecer junto a mi guardiana hasta mi aciago final, aunque ella ya lo haya alcanzado, están terriblemente equivocados.
Este es mi destino. Mi Luz regresará. Me necesita.
Pum. Pum. Pum.
Los pasos pesados de botas rojas están a la vuelta de la esquina. (No pienso moverme). Estamos cara a cara. (No pienso abandonarla). Desenfundan sus armas. (No permitiré que mi objetivo sea en vano).
Una ráfaga de Luz… ¡¿Había sucedido?! ¡Sí… la Luz! ¡Ja, ja! ¡Puedo devolverla a la vida! ¡Puedo devolverla…!
¡Bang!