MCXX.
MCXX, en el futuro.
Registrada por el escriba Shagac
Aconteció que, tras reunir su ejército de Sombras, reconstruir la flota y construir un hogar más permanente en el sistema solar, el gran emperador Calus y su Sombra recibieron mensajes de la Vanguardia de la Tierra y la máquina de guerra Rasputín: "Retirad vuestras fuerzas de nuestros planetas y lunas o responderemos con una contundencia mortal".
Pero el emperador Calus había visto la muerte en los confines del universo y no tenía miedo, ya que estas marionetas y su máquina de guerra no eran ella.
El emperador Calus, en su sabiduría y misericordia, permitió que la Sombra de la Tierra se sentara a negociar con la Vanguardia. Aunque les habló del emperador y de su conocimiento del fin que se avecinaba, estaban tan aferrados a sus pugnas mundanas que no fueron capaces de escuchar. Y declararon la guerra.
La Sombra de la Tierra se alzó con una furia contenida que ni el emperador ni sus consejeros habían visto jamás. Estremeciéndose de rabia, dijo:
"¿Quién os creéis que soy? Sin mí, solo tenéis un ejército menguante de soldados dubitativos. Yo soy la Cría de Lobo. Yo maté al Rey de los Poseídos. ¡Yo derroté a Ghaul, desperté al Viajero, acallé la Luna, detuve la invasión, rompí la maldición, acabé con las casas y maté a la reina! ¡Yo soy la Sombra de la Tierra!".
En el silencio consiguiente, la Sombra de la Tierra prosiguió con gravedad: "Se acerca el fin. Vosotros y vuestra gente debéis daros por advertidos".
Como cortesía, Vanguardia de la Tierra pudo dejar al Leviatán sin un rasguño, y la Sombra de la Tierra congregó a las fuerzas lealistas. Tras reconquistar el mundo ateneo X, que guardaba los secretos de uno de los depredadores más avanzados del sistema –el Afelio, que tenía el poder de devastar mundos enteros en un abrir y cerrar de ojos–, la Sombra usó este conocimiento perdido para reconstruir una flota lealista más fuerte y más gloriosa que nunca.
Con las naves renovadas de la flota lealista, la Sombra de la Tierra encabezó un ataque contra la sede de poder de la máquina de guerra, la región de la cuenca de Hellas, en el planeta Marte. La batalla fue menos una guerra que un único ataque sin rival que redujo a la máquina de guerra Rasputín a cenizas.
Fue en ese momento cuando la Vanguardia de la Tierra se rindió e imploró clemencia, ruego que la Sombra de la Tierra les negó.