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Immaru

La Luz del Manantial se derramaba por debajo de ellos. Desde la torre del palacio, Immaru observaba la agitación donde esta se encontraba con la Oscuridad, mientras nuevas olas erosionaban una antigua costa. El destello de los disparos era visible desde allí, aunque los combatientes no lo eran. Resopló y se estremeció. Se esforzaba por recordar cómo hablar mientras observaba el ataque gratuito de los guardianes a su Plano Ascendente. "Son como los repudiados", gruñó. Savathûn dejó de prestar atención a la dulce melodía que solo ella podía oír y acarició a su Espectro. "Ah, chiquitín. Eres leal, pero sigues viendo solo sus acciones y no las cadenas que los arrastran a lo inevitable. Al igual que la colmena debe ponerse a prueba, los humanos deben controlar y, si eso no basta, atacar. No te lo tomes como algo personal; atacar a lo desconocido está en su naturaleza". "¡Los Espectros no somos algo desconocido!". Immaru rechazó sus muestras de afecto. "Hemos vivido con ellos. Los hemos salvado. ¡Y ahora nos atacan! Son unos ingratos, en mi opinión…". "No creerás que os están castigando por desobedecer, ¿no?". "¿Y no lo hacen?". Su voz era oscura y seca. Hizo una pausa para centrarse. "Caídos, vex, hasta la colmena…, todos saben que no se dispara al médico. Pero, al parecer, estos payasos no se han enterado". "Tu ira es comprensible". La Reina Bruja abrazó a Immaru de nuevo, y él se calmó y dejó de temblar de rabia. "Los humanos temen a la muerte y tú fuiste criado por ellos. Pero la colmena llama a la muerte la Hermana Invisible. Es ella la que te recibe en el descanso y la que te permite volver si demuestras ser capaz de gestionarlo". Immaru permaneció en silencio mirando los fogonazos distantes de la batalla. "Hermana o no, es hora de defenderse. ¿Tenemos algo como lo que ellos tienen para matar Espectros?". "La colmena descubrió esas armas hace tiempo, pero, seguramente, les hayan resultado desagradables. Supongo que podríamos valernos de su magia, pero tus compañeros y tú consideraríais semejantes tácticas una abominación". Immaru clavó la mirada en los fogonazos de los disparos en la costa lejana. "Ya no".