Tres-Cero-Tres
Tres-Cero-Tres flotaba entre las sombras mientras su modesta bandada de Espectros escaneaba las ruinas. Durante siglos, habían peinado toda la salpicadura seca de un mundo caído con la esperanza de encontrar su premio. Ella siempre observaba, sabiendo que nunca encontraría lo que necesitaba…, de la misma manera que los demás sabían que ellos sí lo encontrarían.
Una alegre campanilla atravesó el aire y el humor del pequeño Espectro se hundió. No era un sonido que oyera a menudo, pero reconocía la melodía que anunciaba que el grupo se había reducido. El señaló a través de la intersección, donde Trino le daba consejos vacíos a un guardián novato y los demás miraban. Tres-Cero-Tres dio media vuelta y se quejó. Pensó que podía ignorarlos.
Si se lo permitían.
"¡Tres!", Peris se acercó, casi rebotando contra ella. "¡Trino ha encontrado a su guardián! ¡Ven a felicitarla!".
Notó el calor de la ira. "¿Felicitarla? ¿Sabes qué? Vale". Tres-Cero-Tres se dirigió hacia la celebración improvisada y exclamó: "¡Oye, Trino! ¡Felicidades por abandonarnos a todos!".
"Tres…".
"¿Qué? ¡Estoy superfeliz por ella! No le guardo rencor en absoluto por nuestra devoción fanática a los humanos muertos, ¡la especie que ni siquiera pudo detener a la Oscuridad la primera vez!".
"¡Tres, este no es el momento!".
"¿Y cuál es el momento, Peris? ¿Cuándo vamos a empezar a hacer preguntas? ¿Por qué decidimos dedicarnos a estas criaturas débiles eternamente? ¡No son aptas para empuñar la Luz!".
"Tres…, ¿podrías, al menos, alegrarte por nosotros?". La voz de Trino era suave.
Tres no dijo nada.
"Es nuestra manera de formar una familia más grande y servir a un propósito mayor. Eso es lo importante. Pero si… después de todo este tiempo todavía no puedes compartir eso con nosotros…", El hizo una pausa. Había estado a punto de decirlo muchas veces, pero siempre se había contenido. "Entonces, quizá no deberías buscar con nosotros".
Tres flotó, procesando las palabras. "Bien".
No había nada más que decir. Uno por uno, fueron reanudando su trabajo.
El dudó un momento. "Adiós, Tres", susurró. "Espero que encuentres a tu familia".
Tres-Cero-Tres se giró hacia el cielo nocturno. Las estrellas centelleantes le devolvieron la mirada como un millón de ojos críticos.
Entonces supo, contemplando los espacios tranquilos entre las estrellas, que aquella era su familia.