Euloch
Levántate de nuevo, ¡Luzaku! ¡Aiat! ¡Levántate y recupera la lógica que este hereje obtuvo con tu muerte! ¡Sí, ármate y vence el hostigamiento del guardián! El falso heredero de la Luz se ha dado un festín con tu debilidad. ¡Hazte fuerte para desgastarlo!
¡Sí! Yace roto como el Mástil del Don, pero ten cuidado. ¡Sí, allí! Su Espectro lo despierta de nuevo y tu victoria se amarga.
¡Cuidado con las balas! Báñate en la lluvia de metal y purifícate, ¡no te ahogues! ¡Levanta tu triturador! Tu tutor estudia la forma de tu enemigo.
¡Aiat!
De nuevo, yace en la ruina. Has aprendido bien tu lección, sí, al hacerte con el Espectro.
La lógica de esta muerte te hará fuerte. Con este Espectro, aplastas no solo al enemigo que tienes ante ti, sino a todos los enemigos que podría haber sido. Es todo su valor en tus manos, contempla.
Sí. Mira cómo tiembla. Tan frágil. Escúchalo describirte en tu victoria. Tómalo ahora, en este momento de máxima verdad, embriágate de la victoria y, en el regocijo, conoce el valor de esta cosa.
¡Aplasta al Espectro!
¿Por qué te quedas, Luzaku? ¿Qué vas a aprender con los ojos que no puedas aprender con el puño? ¿No quieres ser algo de verdad? ¿Algo que dure para siempre?
¿Por qué me miras a mí? Los niños son curiosos. Los humanos son curiosos. ¡Pero la colmena es fuerte! Tu entendimiento proviene de vencer la cosa. ¡Así que hazlo!
¡No! ¡Es libre!
¡Esto es lo que tu especulación ha forjado, Luzaku! Has fracasado y ahora las mareas del universo te erosionarán hasta que no seas más que polvo. ¡Todo lo que podrías haber llegado a ser se ha escapado entre tus dedos torpes! El guardián volverá de su muerte, con fuerza y hambriento. ¿Y entonces qué?
Entonces, morirás. Aiat.