The Grimoire Archive
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Sinestesia

35. Orin comienza a experimentar alucinaciones. Unos desconocidos inmateriales le hablan en idiomas irreconocibles. Cuando llega hasta Namqi, siente que se cae en él, que lo atraviesa tamizada en forma de una especie de diminutas hileras de átomos que él inspira y transmite a la sangre de sus huesos. Cuando prosigue con su búsqueda para la reina, siente que un puño demoledor le golpea la tráquea. Debe decir algo, pero no tiene palabras para expresarlo. Debe ir a alguna parte. Debe ser alguien. La situación no la asusta, aunque cree que debería. En lugar de eso, se siente terriblemente sola. 36. La sensación no para de aumentar hasta que no es capaz de distinguir la alucinación de la realidad. Trata de describir la sinestesia de colores y números a Gol, a Namqi y a Mara. Ve algo verde y piensa en el número nueve. Lee "morado" y le sabe a nueve. Todos le piden que pare. Que descanse. Que se detenga. Han descubierto otras cosas, otros mensajes. Conocen a los Nueve. Ella no puede. Busca al hombre de la cara retorcida. Se busca a sí misma. 37. El día que Namqi muere, nadie consigue contactar con ella ni con Gol, por mucho que lo intentan. No lo descubre hasta pasados unos meses. 38. El día que conoce a Wu Ming, está en Bamberga. Acaba de abandonar un laboratorio de Gensym. Acaba de leer una transcripción con las últimas palabras de Namqi. Le tiemblan las manos. Siente náuseas. Siente que puede verse en tercera persona, tambaleándose hacia un lugar seguro donde sentarse y llorar. Wu Ming es una fogata en la oscuridad y se arrastra hacia su calor. 39. Wu Ming ansía conocer sus historias de los Nueve. Le pregunta si ha llegado a conocerlos, si son capaces de otorgar poder a las personas, si conocen la forma de salir de este sistema solar. Orin no es capaz de responder a ninguna de sus preguntas, pero no puede callarse sus propios relatos. La ponen enferma; brotan como un torrente bilioso y compulsivo. Cuando está vacía, habla de sí misma. De su pena. De su desasosiego. De que se siente más viva en los espacios vacíos entre cada pestañeo. De que siente que es una serpiente que muda y muda la piel, solo que esta última vez sale mal y se queda atrapada en la garganta espectral de su antiguo ser. Wu Ming pospone sus preguntas al verse atraído inexorablemente por la gravedad de su honestidad desesperada. Sus confesiones lo dejan sin defensas. Él le habla de sí mismo. De sus miedos. De su soledad. De que siente que está a un paso de precipitarse a un abismo. De que siente un vil resentimiento cada vez que regresa de entre los muertos, pues él nunca quiso ese obsequio de la Luz. 40. Se inventan excusa tras excusa para volver a verse. Cada conversación se ve bañada en verdades desenterradas. Todos los días sienten que van a llegar a los cimientos que los quebrarán en mil pedazos. Es tan aterrador como embriagador. 41. ¡Mentiras! ¡Mentiras! ¡Mentiras! No es Wu Ming, sino un hombre llamado Eli, un hombre llamado Dredgen Hope, un hombre al que llaman el Nómada. No es vulnerable, es un individuo engañoso y paranoico, un asesino insensible, un embustero cobarde. No es su amigo; solo espera el momento adecuado. Lleva MUCHO TIEMPO esperando el momento adecuado. Ella es estúpida. ¡Tan estúpida que creyó en sus mentiras! ¡Ya no puede sanar nada! 42. Ella se marcha y, con ella, la Luz. La separación es totalmente aterradora. ¿Nunca había experimentado un sentimiento tan profundo de ¿E S C I S I Ó N? Todo puede sanar. Orin no es tu nombre.