Capítulo 31
La Araña tenía agarrado por el cuello a un trabajador en la trastienda de uno de sus almacenes. "A ver, confírmame algo. Cuando te explicaron la regla de 'no robar', ¿qué parte no entendiste?".
El trabajador intentaba liberarse. "¡Yo… no he robado los caramelos!".
"¿Sabes qué es peor que robarme? ¡Mentirme!", replicó la Araña. "Haré que…".
De repente, se detuvo a olfatear el aire y le entraron tales náuseas que tuvo que soltar de inmediato al trabajador. "¡¿Qué es ese olor?!".
Cuando levantó la mirada, una tormenta de espuma de colores brillantes cayó sobre su cabeza acompañada de un olor a calabaza rancia.