Cumplidos
Recuerdo un día que hablé con Ofiuco sobre la conexión entre Espectros y guardianes.
Eso fue hace muchos años, cuando todavía estábamos en la ciudad y Osiris era comandante de la Vanguardia. Osiris e Ikora se pasaban horas hablando, a veces incluso días, y, sinceramente era aburridísimo. Sobre todo cuando no sabía qué más hacer para distraer a Ofiuco. En serio, ese Espectro no da nada de conversación.
En fin, Ofiuco dijo que tenía una teoría sobre por qué había un Espectro para cada guardián. Él pensaba que todos nosotros contábamos con capacidades que complementaban los puntos flacos de nuestros guardianes y viceversa. Que teníamos que mantenernos juntos o ninguno de nosotros estaría completo.
"¿Como una media naranja?", pregunté yo. "Porque no estoy enamorada de Osiris ni nada parecido. Sería muy raro y, además, me saca de quicio con frecuencia".
"No se trata de un vínculo romántico", dijo Ofiuco. Si tuviera ojos, me habría mirado. "Creo que el Viajero comprendió que la gente normal no basta para proteger a la humanidad. Que hacían falta seres extraordinarios en cuerpo y alma, algo que solo podría darse al unir a un Espectro con un guardián en una misma unidad".
"No sé qué hace Ikora contigo", le dije, "pero Osiris y yo no somos una «misma unidad», ya has oído que solemos discutir… Mucho".
"¿Y por qué te enfrentas tanto a él?", me preguntó Ofiuco.
"Porque nadie más se atreve. Es el grandioso y poderoso Osiris: héroe, erudito, salvador, bla, bla, bla. Así que nadie, en serio, nadie, ni siquiera Ikora se atreve a ponerlo en duda. Hacen lo que él quiere, da igual si se trata de una idea terrible. Yo no.
Todo el mundo necesita a alguien que le diga lo que está mal de vez en cuando. Sobre todo Osiris".
"¿Dirías que se trata de un punto fuerte que complementa un punto débil?".
No respondí. Odio cuando alguien lleva la razón. Lo bueno es que no ocurre a menudo.
"Muy bien, Espectro listillo", dije al fin, "¿y qué hay de ti e Ikora? Ambas sois duras y estiradas, y leéis demasiado…".
"Soy una influencia tranquila. La animo a pensar antes de actuar y no le permito que sus emociones se lleven lo mejor de sí misma".
No pude evitarlo. Empecé a desternillarme. Tardé cosa de un minuto en recuperar la compostura. "¿Ikora?", dije muriéndome de la risa y casi sin poder hablar. "¿Estamos hablando de la misma Ikora? ¡No hace más que pensar!".
"No la conoces en absoluto", respondió Ofiuco.