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Fragmento de Espectro: La Reina 2

Exotic card
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«No tienes uno».

La cazadora se detuvo frente al trono y se irguió con su cara medio cubierta para encontrar la mirada del Príncipe.

«No», afirmó. «Mi próxima muerte será la última».

«Conozco esa sensación», dijo el Príncipe fríamente.

La Reina mantuvo el gesto con una distancia controlada. Se reclinó en su trono, con las piernas cruzadas, inspeccionando a las dos personas que se encontraban en la bases de los escalones. A su lado, donde solía estar la guardia de los Lobos, se encontraban las técnidas Shuro y Sedia, con su zumbido clásico. A su derecha muy cerca se encontraba el Príncipe, mirando hacia el frente pero con medio cuerpo girado hacia ella.

«Su majestad», dijo el hombre ante ella al inicio de las las escaleras. Su voz era suave pero firme. Cuando empezó a hablar, la cazadora se giró hacia él para inmediatamente retroceder, como si alguien apuntara con una luz brillante directamente a sus ojos.

«Gracias por tu gentil bienvenida», dijo.

La Reina inclinó ligeramente la cabeza.

«Antes de empezar», dijo la cazadora, «voy a decir algo». Hizo una pausa, su cabeza se ladeó hacia el trono. La Reina hizo una señal con la mano de consentimiento.

La cazadora apretó ligeramente sus labios para volver a un semblante frío después. «Su majestad», dijo. Shuro y Sedia se movieron, un crujido y susurro súbito. La Reina les pidió silencio con un movimiento de su mano. Los ojos de Uldren se entornaron pero no dijo nada. «No estoy aquí para ti».

La Reina observó a la cazadora, con su misma expresión calculada.

«No tengo ninguna intención de meterme en asuntos políticos. No tengo ninguna queja sobre la Ciudad, ya no. No tengo grandes esperanzas de terminar esta guerra. He sabido desde hace mucho que no la vería llegar. Estoy aquí por una batalla y solo una, porque es una batalla que todos debemos pelear, juntos o separados. Así que quiero avisar a los defensores, juntos o separados. Haré lo que sea», su voz tembló, «para acabar con Oryx».

Un gran silencio bañó la sala. La cazadora mantuvo su cabeza alta y su mirada hacia las sombras que producía la Reina mientras se reclinaba en su trono.

Entonces, una leve sonrisa asomó en los labios de la Reina. «Bien dicho». Se enderezó y se inclinó hacia adelante tocando así la luz su rostro.

«Acabemos con él».