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Fragmento de Espectro: Los caídos 4

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La dispersión

Esto ocurre en un tiempo pasado, pero no tan en el pasado como para que influya en el futuro.

Ceres es la reina blanca de este espacio, cuatrocientos millones de kilómetros desde el Sol. Ceres es redondo. Por aquí, el círculo significa poder: nada más en el Cinturón es lo suficientemente grande como para haberse convertido en una esfera con su propia gravedad. Ceres tiene sus propias estrellas químicas. Virutas de hielo y sal que brillan en órbita. Como una corona.

Hay más luces, estrellas más jóvenes, coronas más nuevas. Motores de buques. Otra reina se acerca para conquistar Ceres porque está lleno de grutas y astilleros y hábitats, porque Ceres es circular y afortunado como un sirviente. Porque Ceres está lleno de los Lobos a los que quiere gobernar.

Feroces naves se agrupan en escuadrones. Esquifes. Queches. El kell de los Lobos tiene toda una flota agrupada aquí. El kell de los Lobos escuchó la llamada e invocó a la Casa de los Lobos para prepararlos para la gran batalla en la Tierra. La salvación de los seguidores del kell depende de su habilidad para destrozar la Ciudad. Es una cuestión de supervivencia.

Ahora la flota de los Lobos se acerca para encontrarse con la Reina.

¿Ves los cómo los escuadrones de esquifes se envuelven en un sigilo frío y transparente, valientes, acuchillando el espacio invisibles? ¿Ves a los queches, como grandes sables, siguiendo las órdenes de un gran sirviente brillante, inteligentemente guiándolos a la batalla? ¿Ves cómo aceleran, se giran, accionando sus armas de arco y radares? Todos condenados. El kell de los Lobos nunca llegará a la Grieta del Crepúsculo. El kell de los Lobos puso toda su fuerza en un solo lugar y ahora, la Reina del Arrecife viene a romperlo.

Allí fuera, en la oscuridad, están los insomnes. No tienen una gran flota, ¿verdad? Pequeños combatientes dispersados como espinas de cuatro puntas. Destructores y fragatas y cascos rescatados del Arrecife. Y al frente, como punta sobresaliente, vuela la Reina.

El Lobo kell, práctico, valiente, cuenta con la fuerza del metal y el equipamiento. El kell sospecha que los insomnes puedan tener un arma secreta, algo recogido de los cascos del Arrecife o susurrado por las brujas, y se reserva ese pensamiento. El kell cree que la Casa de los Lobos puede ganar decisivamente, así que envía avisos y señales. SOY EL SEÑOR DE LOS LOBOS. ERES ALGO VACÍO CON DOS ALMAS MUERTAS. ESTA ES MI CASA. ESTAS SON MIS CONDICIONES. RENDIROS Y SOLO ME LLEVARÉ VUESTRAS NAVES.

La flota de los insomnes para sus motores. Se deja llevar, a la deriva. Elementos de asalto de los Lobos, esquifes con brazos-torpedo escondidos, camuflados, encuentran su fuego.

La nave de la Reina transmite. YO TAMBIÉN SOY NOBLE, dice, OH SEÑOR DE LOS LOBOS.

Al kell no le importa que haya un poco de charla antes de la acción. Les da a los Lobos un poco más de tiempo para apartarse de Ceres. El kell responde. NO TIENES LÍNEA. NO TIENES PODER. Capitanes y barones muestran sus señales de disposición, Skolas y Pirsis, Drevis, Peekis, Parixas. Todos ellos unidos por el temor y la lealtad, todos unidos por la guerra.

LA LUZ ESTELAR FUE MI MADRE. Susurros salen de la nave de la Reina como erráticas explosiones de radio. Los sirvientes empiezan a notar algo extraño en el vacío. Y MI PADRE FUE LA OSCURIDAD.

Aquí, por fin, demasiado tarde, pero el kell empieza a sentir el pánico. LLÁMALOS, ENTONCES, dijo el kell, una última señal falsa antes de la muerte y la ruina, Y MIRA QUÉ AYUDA PUEDEN PROPORCIONAR.

Así que la Reina pide, como solo ella puede. Cada sirviente en su queche lo escucha. Todos los capitanes y barones rugen a sus subordinados cuando los sensores se ciegan, cuando las armas de fuego titubean, cuando los reactores tartamudean y los sistemas de corriente tararean con la inducción. El sigilo falla. El espacio se distorsiona. La Casa de los Lobos grita lanzas de códigos de guerra, violentas maniobras, apunta a ciegas.

Tras de la nave de la Reina, los heraldos despiertan.